France, Le Pen(du)

Nunca tuve problemas de aceptación en relación a mí condición sexual. Supongo que los que venimos así de fabrica lo vamos asimilando a lo largo de los años y no nos espanta ni nos sorprende lo que somos. En mi caso, aun habiendo tenido una educación estricta y de profundo calado católico, ni tan siquiera he tenido remordimientos. No creo que Elizabeth de Windsor se levante por las mañanas y se pregunte porque es reina de Inglaterra. Del mismo modo, yo tampoco me he levantado nunca preguntándome porque soy gay. Lo soy y punto.

Mis posiciones políticas han chocado a más de uno. Hay mucha gente que no entiende que un homosexual pueda ser católico de eventos (como buen virgo y fan de Letizia) y encima de derechas. Soy católico, porque no entiendo que incompatibilidad hay con ser gay. A mí un señor, supuestamente célibe y asexual, no tiene porque condicionar ni opinar sobre mi vida amorosa. También soy de derechas, pero de la buena. Para que se hagan una idea, para mí, el Partido Popular se queda más bien cortito. Realmente, y como suelo decirles a mis amigos, la derecha española soy yo. Y si un día me candidato, ríase España de Belén Esteban y su supuesto 7% de tirón en las urnas, porque yo puedo más y mejor, aunque no tenga silicona. O no. Ya se sabe lo que tiran en este país dos tetas, y si no, que se lo digan al rey.

He decidido titular mi crónica de hoy como “France, le Pen(du)”, mezclando en nombre de Le Pen con el verbo “pendre”, lo que viene a traducirse en “Francia, la ahorcada”. En los últimos meses, venimos asistiendo con cierto desconcierto a manifestaciones multitudinarias por parte de partidos y grupos ultraconservadores franceses, que protestan contra la ley de matrimonio homosexual propuesta por François Hollande. No exagero si digo que estamos asistiendo a un suicidio sociológico de una Francia que siempre ha ido de moderna, laica y republicana.

Me inquieta ver como el país abanderado del “Laissez faire, laissez passer”, o de la revolución francesa, con su lema cursi de “Libertad, igualdad, fraternidad”, que defendió el liberalismo económico y por lo tanto, la no injerencia del estado en la economía, así como la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, pretenda ahora meter los ojos en la vida de los demás, condicionando incluso su sexualidad a efectos legales.

Francia, es a día de hoy, y más que nunca, una sombra del ayer. Ya no es moderna, ni espejo, faro o luz de occidente. Es carca, antigua y profundamente irrespetuosa con los ciudadanos a los que pretenden negar el derecho de amar a alguien de su mismo sexo. De racismo ya ni hablo, porque el problema es tan gordo, que me daría para otra columna de opinión.

Los movimientos ultraconservadores franceses me hacen plantarme varias cosas. La primera, que no todo es negativo en España. Si bien es cierto que la derecha española y la iglesia salieron a la calle hace 10 años por el mismo tema, siempre lo hicieron, o esa es mi sensación, más por buscar el titular que por la batalla, que creo, sabían que la tenían perdida. Además, podemos decir con orgullo, que nuestra sociedad ha asimilado algo que es tan natural, como dos personas que se quieren, se casen. Otra de mis conclusiones es que el UMP, el partido del expresidente Sarkozy, corre el riesgo de desaparecer, si le hace el discurso al Frente Nacional de Marine Le Pen. En España tenemos un ejemplo muy candente de lo que acabo de decir: desde que CIU se ha vuelto independentista no hace más que perder votos a favor de Esquerra, porque, no nos olvidemos, votar es gratis, y para votar a marcas blancas, preferimos el original. Y por último, y esta es la conclusión que más me entristece, es que Luís Alfonso de Borbón y su patética carta en contra del matrimonio homosexual ha hecho bueno a Luís XVI. Y es que para tener reyes así, casi prefiero la republica. Estos Borbones no hacen más que dar disgustos. Teniendo en cuenta el percal, solo puedo decir: llego a ser Maria Antonieta y Francia seguiría siendo una monarquía. No me sorprende que les cortarán la cabeza, porque jamás la tuvieron. France, Le Pen(du).

France, Le Pen(du)

Nunca tuve problemas de aceptación en relación a mí condición sexual. Supongo que los que venimos así de fabrica lo vamos asimilando a lo largo de los años y no nos espanta ni nos sorprende lo que somos. En mi caso, aun habiendo tenido una educación estricta y de profundo calado católico, ni tan siquiera he tenido remordimientos. No creo que Elizabeth de Windsor se levante por las mañanas y se pregunte porque es reina de Inglaterra. Del mismo modo, yo tampoco me he levantado nunca preguntándome porque soy gay. Lo soy y punto.

Mis posiciones políticas han chocado a más de uno. Hay mucha gente que no entiende que un homosexual pueda ser católico de eventos (como buen virgo y fan de Letizia) y encima de derechas. Soy católico, porque no entiendo que incompatibilidad hay con ser gay. A mí un señor, supuestamente célibe y asexual, no tiene porque condicionar ni opinar sobre mi vida amorosa. También soy de derechas, pero de la buena. Para que se hagan una idea, para mí, el Partido Popular se queda más bien cortito. Realmente, y como suelo decirles a mis amigos, la derecha española soy yo. Y si un día me candidato, ríase España de Belén Esteban y su supuesto 7% de tirón en las urnas, porque yo puedo más y mejor, aunque no tenga silicona. O no. Ya se sabe lo que tiran en este país dos tetas, y si no, que se lo digan al rey.

He decidido titular mi crónica de hoy como “France, le Pen(du)”, mezclando en nombre de Le Pen con el verbo “pendre”, lo que viene a traducirse en “Francia, la ahorcada”. En los últimos meses, venimos asistiendo con cierto desconcierto a manifestaciones multitudinarias por parte de partidos y grupos ultraconservadores franceses, que protestan contra la ley de matrimonio homosexual propuesta por François Hollande. No exagero si digo que estamos asistiendo a un suicidio sociológico de una Francia que siempre ha ido de moderna, laica y republicana.

Me inquieta ver como el país abanderado del “Laissez faire, laissez passer”, o de la revolución francesa, con su lema cursi de “Libertad, igualdad, fraternidad”, que defendió el liberalismo económico y por lo tanto, la no injerencia del estado en la economía, así como la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, pretenda ahora meter los ojos en la vida de los demás, condicionando incluso su sexualidad a efectos legales.

Francia, es a día de hoy, y más que nunca, una sombra del ayer. Ya no es moderna, ni espejo, faro o luz de occidente. Es carca, antigua y profundamente irrespetuosa con los ciudadanos a los que pretenden negar el derecho de amar a alguien de su mismo sexo. De racismo ya ni hablo, porque el problema es tan gordo, que me daría para otra columna de opinión.

Los movimientos ultraconservadores franceses me hacen plantarme varias cosas. La primera, que no todo es negativo en España. Si bien es cierto que la derecha española y la iglesia salieron a la calle hace 10 años por el mismo tema, siempre lo hicieron, o esa es mi sensación, más por buscar el titular que por la batalla, que creo, sabían que la tenían perdida. Además, podemos decir con orgullo, que nuestra sociedad ha asimilado algo que es tan natural, como dos personas que se quieren, se casen. Otra de mis conclusiones es que el UMP, el partido del expresidente Sarkozy, corre el riesgo de desaparecer, si le hace el discurso al Frente Nacional de Marine Le Pen. En España tenemos un ejemplo muy candente de lo que acabo de decir: desde que CIU se ha vuelto independentista no hace más que perder votos a favor de Esquerra, porque, no nos olvidemos, votar es gratis, y para votar a marcas blancas, preferimos el original. Y por último, y esta es la conclusión que más me entristece, es que Luís Alfonso de Borbón y su patética carta en contra del matrimonio homosexual ha hecho bueno a Luís XVI. Y es que para tener reyes así, casi prefiero la republica. Estos Borbones no hacen más que dar disgustos. Teniendo en cuenta el percal, solo puedo decir: llego a ser Maria Antonieta y Francia seguiría siendo una monarquía. No me sorprende que les cortarán la cabeza, porque jamás la tuvieron. France, Le Pen(du).