Alaska, ferviente admiradora de Sara Montiel como muchos otros grandes artistas españoles, ha dedicado unas bonitas palabras a su ídola en su blog. Este es un extracto de lo que ha escrito la esposa de Mario Vaquerizo:

Los que me conocen bien saben lo que Sara significa para mí. No te voy a contar todos esos apuntes biográficos que se van a repetir hasta el cansancio en obituarios y elegías. Mito erótico de una España en la que todo era pecado, primera española que triunfó en Hollywood, estrella del cine, la canción y las variedades. Todo eso, por separado, tiene su importancia. Pero a mí lo que me interesa de Sara es el conjunto. Ya sabes que opino que las estrellas de verdad lo son porque sí, aunque nadie más lo sepa, aunque no tengan éxito comercial. No es el caso de Sara, que movilizó masas enfervorizadas. Pero para mí hubiera sido igual de grande si se hubiera quedado en starlette de un cabaret de La Mancha.

Hay artistas muy temerosos de que su personalidad supere a su obra artística e intentan pasar desapercibidos en los aspectos de su vida. Y te venden que son “como cualquier chico de su edad”, y se pasan horas en una sesión de fotos maquillándose y vistiéndose para que parezca que no van maquillados y que se han puesto lo primero que han encontrado. Entonces para mí ya no son artistas. Quizá sean buenos artesanos de lo suyo (actores, cantantes, músicos, pintores), pero no artistas. El artista es el conjunto, el concepto, la personalidad. Y Sara ha sido uno de los conjuntos más espectaculares que ha dado este país.

Más allá del número de películas rodadas o de canciones grabadas, Sara inventó un tipo de mujer muy poco común. Inventó una forma de interpretar como actriz y como cantante. Se hizo un traje a medida, y de alta costura. Guapa, guapísima como ha sido, siempre ha sabido favorecer a la cámara, con ese gesto tan suyo, con esa leve inclinación de cabeza que sólo saben hacer ella y esas transformistas maravillosas que la veneran. Cuando Sara empezó a cantar, sus maestros pretendían que alcanzara la tesitura de una soprano, lo natural en la época. Sara supo darle la vuelta a esa dictadura imponiendo una forma de cantar absolutamente personal, como una artista, no como cualquier corista. Y a la otra dictadura, la del país, también le dio la vuelta sin necesidad de participar en revueltas callejeras, más bien formándolas ella misma. Todavía resulta muy difícil entender cómo pudo burlar lo justo a los censores y a la opinión pública para desplegar ese erotismo y esa modernidad sin ser masacrada. ¡Si hasta regresó divorciada de los Estado Unidos!

Siempre he entendido que sin ciertos referentes, yo no me dedicaría a lo que me dedico. Y Sara es uno de ellos. Desde pequeña he sentido aversión por las cantantes que hacen florituras con la voz, sobre todo en las notas altas. Y también por las que tienen la voz aguda. Si a mí me hubieran gustado ese tipo de intérpretes, yo nunca me hubiera planteado ser cantante. Pero como me gustan las voces graves y aterciopeladas, me dí a mí misma una oportunidad.

La Sara que pasa a la historia oficial es la de las películas, la española guapa y joven que triunfó y trajo luminosidad a un mundo gris. La que pasa a la historia alternativa, la historia de los que son diferentes y buscan sus propias señas de identidad, es la Sara de los espectáculos musicales, de sus discos y, sobre todo, Sara, sin más. Por su vida, porque ha sido valiente y le ha dado igual lo que se considerara políticamente correcto. Por su imagen, tan suya y a la vez tan de todos los que no nos dejamos subyugar por las modas del momento.

Puedes leer el resto del post aquí.


Alaska, ferviente admiradora de Sara Montiel como muchos otros grandes artistas españoles, ha dedicado unas bonitas palabras a su ídola en su blog. Este es un extracto de lo que ha escrito la esposa de Mario Vaquerizo:

Los que me conocen bien saben lo que Sara significa para mí. No te voy a contar todos esos apuntes biográficos que se van a repetir hasta el cansancio en obituarios y elegías. Mito erótico de una España en la que todo era pecado, primera española que triunfó en Hollywood, estrella del cine, la canción y las variedades. Todo eso, por separado, tiene su importancia. Pero a mí lo que me interesa de Sara es el conjunto. Ya sabes que opino que las estrellas de verdad lo son porque sí, aunque nadie más lo sepa, aunque no tengan éxito comercial. No es el caso de Sara, que movilizó masas enfervorizadas. Pero para mí hubiera sido igual de grande si se hubiera quedado en starlette de un cabaret de La Mancha.

Hay artistas muy temerosos de que su personalidad supere a su obra artística e intentan pasar desapercibidos en los aspectos de su vida. Y te venden que son “como cualquier chico de su edad”, y se pasan horas en una sesión de fotos maquillándose y vistiéndose para que parezca que no van maquillados y que se han puesto lo primero que han encontrado. Entonces para mí ya no son artistas. Quizá sean buenos artesanos de lo suyo (actores, cantantes, músicos, pintores), pero no artistas. El artista es el conjunto, el concepto, la personalidad. Y Sara ha sido uno de los conjuntos más espectaculares que ha dado este país.

Más allá del número de películas rodadas o de canciones grabadas, Sara inventó un tipo de mujer muy poco común. Inventó una forma de interpretar como actriz y como cantante. Se hizo un traje a medida, y de alta costura. Guapa, guapísima como ha sido, siempre ha sabido favorecer a la cámara, con ese gesto tan suyo, con esa leve inclinación de cabeza que sólo saben hacer ella y esas transformistas maravillosas que la veneran. Cuando Sara empezó a cantar, sus maestros pretendían que alcanzara la tesitura de una soprano, lo natural en la época. Sara supo darle la vuelta a esa dictadura imponiendo una forma de cantar absolutamente personal, como una artista, no como cualquier corista. Y a la otra dictadura, la del país, también le dio la vuelta sin necesidad de participar en revueltas callejeras, más bien formándolas ella misma. Todavía resulta muy difícil entender cómo pudo burlar lo justo a los censores y a la opinión pública para desplegar ese erotismo y esa modernidad sin ser masacrada. ¡Si hasta regresó divorciada de los Estado Unidos!

Siempre he entendido que sin ciertos referentes, yo no me dedicaría a lo que me dedico. Y Sara es uno de ellos. Desde pequeña he sentido aversión por las cantantes que hacen florituras con la voz, sobre todo en las notas altas. Y también por las que tienen la voz aguda. Si a mí me hubieran gustado ese tipo de intérpretes, yo nunca me hubiera planteado ser cantante. Pero como me gustan las voces graves y aterciopeladas, me dí a mí misma una oportunidad.

La Sara que pasa a la historia oficial es la de las películas, la española guapa y joven que triunfó y trajo luminosidad a un mundo gris. La que pasa a la historia alternativa, la historia de los que son diferentes y buscan sus propias señas de identidad, es la Sara de los espectáculos musicales, de sus discos y, sobre todo, Sara, sin más. Por su vida, porque ha sido valiente y le ha dado igual lo que se considerara políticamente correcto. Por su imagen, tan suya y a la vez tan de todos los que no nos dejamos subyugar por las modas del momento.

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