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La crisis en Siria, también para el colectivo LGTB


La crisis en Siria es transversal y afecta a todos los grupos de población, también al colectivo LGTBI, que a veces se encuentra con complicaciones adicionales como la discriminación por la orientación sexual. Las personas del colectivo suelen vivir en el armario cuando están en Siria y también necesitan una donación ayuda humanitaria. Hay rechazo social y también represalias legales. La homosexualidad está penada con hasta 3 años de cárcel e incluso con la pena de muerte en algunas zonas controladas por el Estado Islámico. Un drama que se suma al desastre absoluto al que se enfrentan multitud de ciudadanos sirios cada día.

Desde el inicio de la guerra la situación ha empeorado gravemente para las personas homosexuales, especialmente para aquellas que viven en las zonas controladas por el Estado Islámico, donde ejecutan a aquellas personas acusadas de sodomía o desviación sexual.Es por esto que muchos deciden salir del país e iniciar una nueva vida como refugiados sirios.

En el 2017 conocimos el testimonio de dos refugiados sirios gays, Isa y Mohamed: «Quiero graduarme en derecho internacional para ayudar a mi país. Siria se merece lo mejor. Mis padres siguen ahí. Hay treinta mil civiles están atrapados sin electricidad, comida ni agua. Creo que mi familia lo acabará entendiendo. Intentaré comunicarme con ellos en el futuro. Mis padres están en Damasco y temo por su vida. Intentaré contactar con ellos, aunque temo que mi padre vuelva a rechazarme. A diferencia de él, estoy seguro de que mi madre me quiere. Ojalá pueda contarle pronto lo que nos pasó, para que se pueda alegrar» fueron algunas de las palabras que Mohamed expresó en un comunicado.

La crisis continúa en Siria

Las noticias que llegan de Siria no son nada esperanzadoras. Idlib está llamada a ser la peor de las batallas de la guerra Siria. La razón no es otra que esta provincia noroccidental del país se ha convertido después de siete años en una especie de refugio habitado por tres millones de personas, entre ellas alrededor de 70.000 combatientes pertenecientes a más de 50 organizaciones rebeldes, que hoy están atrapadas y a la espera de que una solución diplomática pueda librarlos de la que sería una de las batallas más largas de este conflicto.

Después de recuperar gran parte del país, el régimen sirio ha anunciado su intención de luchar por esta región fronteriza con Turquía considerada como el último gran bastión rebelde. En los últimos días cientos de tropas se han ubicado en las áreas que bordean la provincia a la espera de que se les dé la luz verde para comenzar esta ofensiva que el enviado especial de las Naciones Unidas para Siria, Staffan de Mistura, ha definido como la “tormenta perfecta”.

“No hay otro Idlib, ¿dónde pueden ir? ¿Dónde pueden ir cada uno de ellos?”, clamaba De Mistura, que intentaba llamar la atención sobre la crisis humanitaria que podría surgir si el régimen sirio, en compañía de sus aliados, decide atacar hasta quedarse con el control total de esta región, tal como se ha anunciado desde Damasco. Idlib ha sido el destino de todos aquellos que no aceptaron ser parte de los llamados procesos de “reconciliación” que siguieron a batallas como las de Alepo, Guta o, más recientemente, Deraa, en el sur del país. Se considera que alrededor de dos millones de desplazados habitan esta provincia.

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