“Muerte de un Unicornio”: Cuando ni la sangre morada salva una sátira cansina
La idea de ver a los ricos siendo devorados nunca había sido tan apetecible como en estos tiempos. Por eso resulta casi un milagro (y no de los buenos) que “Muerte de un Unicornio”, la comedia de terror que se estrenará el 28 de marzo tras su paso por el Festival SXSW, consiga hacer algo tan aburrido con una premisa tan jugosa.
La película nos presenta a los Leopold, una familia farmacéutica que parece sacada del manual “Villanos Ricos para Dummies”. Tenemos al patriarca Odell (Richard E. Grant), un tipo imperial a pesar de su cáncer terminal; a Belinda (Téa Leoni), obsesionada con blanquear su reputación a través de una fundación benéfica; y al hijo Shepard (Will Poulter), el clásico heredero inútil con problemas de sustancias. Vamos, que con los paralelismos evidentes a los Sackler, los guionistas han conseguido lo imposible: hacer que unos oligarcas resulten genéricamente malvados en vez de inquietantemente cercanos.
El verdadero protagonista es Elliot Kintner (Paul Rudd), un viudo que trabaja como vicepresidente de “cumplimiento ético” para los Leopold. Elliot arrastra a su hija universitaria Ridley (Jenna Ortega) a un fin de semana en la mansión canadiense de sus jefes para hacer peloteo y conseguir un puesto en el consejo. Rudd interpreta a Elliot con esa cara de consternación que rápidamente cambia a servilismo, pero incluso él resulta previsible.
La supuesta gracia de la película está en su título: Elliot atropella a un unicornio (sí, son reales en este universo) camino a la mansión. El cuerpo del animal tiene propiedades curativas, lo que viene de perlas para Odell, que pronto deja de morirse. Pero, como era de esperar, los padres del unicornio —más grandes y bastante más sedientos de sangre— vienen buscando a su retoño.
Hay material de sobra para un corto de 25 minutos, pero desgraciadamente el director debutante Alex Scharfman lo estira como chicle durante toda una película. El reparto, que incluye a Anthony Carrigan, Jessica Hynes, Sunita Mani y Steve Park, hace lo que puede para mantener el interés, pero hacia la mitad la película empieza a dar vueltas sobre sí misma, retrasando la llegada de los unicornios adultos y repitiendo una y otra vez el mismo chiste de Elliot eligiendo a sus jefes sobre su hija.
Scharfman parece obsesionado con la idea de la sangre de unicornio (que es morada, por cierto). La imagen de Grant cortando un filete de unicornio chorreando sangre púrpura es difícil de olvidar, pero cuando llegas a la tercera o cuarta variación del mismo chiste, la cosa pierde toda gracia. La parte central de la película es básicamente matar el tiempo hasta que comienza la matanza, y cuando finalmente llega la amenaza unicornio, parece una versión barata de Jurassic Park.
“Muerte de un Unicornio” cuenta con Ari Aster como productor ejecutivo, quien últimamente está detrás de proyectos tan peculiares como “Dream Scenario” o la próxima remake de “Save the Green Planet!”, “Bugonia”. No es difícil imaginar por qué el pitch de esta película le resultó atractivo, con sus guiños a la actualidad y su brutalidad fantástica, como un “Ready or Not” con criaturas de cuento en lugar de pactos infernales.
Pero viendo el resultado, todos esos elementos siguen pareciendo precisamente eso: un pitch, ideas escritas en una pizarra sin visión coherente. Y la broma de que un unicornio de Lisa Frank pueda arrancarle las tripas a alguien no es suficiente para sostener una película entera. Incluso los unicornios están listos para comerse a los ricos, pero es un espectáculo al que “Muerte de un Unicornio” no logra hacer justicia.