Un Cataclismo Catalán en First Dates: “Ni a 4×4 llega”
La vida nocturna del restaurante más desesperado de Cuatro nos ha regalado otro episodio para la posteridad. Este lunes, el reality de Carlos Sobera nos brindó un choque de culturas que hizo temblar los cimientos del establecimiento y posiblemente las relaciones diplomáticas entre Madrid y Barcelona.
Silvia, administrativa barcelonesa de 49 años, acudía al programa buscando un “4×4, un todoterreno” para su vida. Se presentó como una mujer “intensa” en todo lo que hace: deporte, trabajo y bronca. Vamos, la compañera de oficina que todos tememos cuando se acerca el cierre de trimestre.
Para intentar conquistar el corazón de esta catalana con motor diésel, el programa le emparejó con Elías, técnico de mantenimiento madrileño de 50 años. Un tipo que también presumía de ser un auténtico “4×4”. ¡Qué coincidencia! Aunque visto lo visto, el único terreno que ambos compartían era el pantanoso campo de la discordia.
A Silvia le bastó un vistazo para sentenciar: “Veo a Elías por la calle y no me hubiera fijado nunca en él”. Todo un detalle que auguraba una velada llena de pasión… o no. Por su parte, el madrileño contraatacó con elegancia: “No cuadra conmigo en nada. Físicamente no me ha atraído y la he visto muy seria”. Y remató: “Me gusta una mujer más moderna vistiendo, la veía como la típica secretaria de las películas”. Un caballero, vamos.
La conversación sobre coches reveló la primera incompatibilidad: mientras él sentía pasión por los motores, ella mostraba tanto interés como por un documental sobre la cría del mejillón. Fue entonces cuando Elías, en un arrebato de cortesía, soltó la perla que definió toda la velada: “Aunque le digan que le gusten los hombres 4×4, yo he pensado que la liquido en dos días. Ella dice que es 4×4 pero no llega ni a 1×1”. ¡Toma ya! ¿Dónde quedó aquello de ser un caballero?
Pero lo mejor estaba por llegar. Como quien no quiere la cosa, Elías decidió convertir la cena en un debate político preguntándole a su cita por “eso del independentismo”. Una estrategia brillante, como hablar de la muerte en un parque infantil. Silvia, desconcertada, intentó esquivar el tema: “Es complicado para hablar en una cena”, pero nuestro Romeo madrileño no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de resolver el conflicto territorial español durante el postre.
El técnico de mantenimiento remató su estrategia de seducción afirmando que “el catalán no es un idioma, es un dialecto”. Una observación tan acertada como llamar “chapucero” al padre de tu cita en la primera presentación familiar.
En su reflexión final, Elías sentenció: “Yo con esta chica me aburriría. Me considero más llano y más natural y dicharachero, ella es una persona más seria, como es catalana”. Vamos, que básicamente sugirió que todos los catalanes son tan divertidos como un funeral en día de lluvia.
Por suerte para ambos, y para la armonía territorial de España, la velada terminó sin que fuera necesaria la intervención de los Mossos d’Esquadra ni la Guardia Civil. Otra oportunidad perdida para demostrar que Madrid y Barcelona pueden convivir en armonía, al menos en un programa de citas.



