Exactamente un año después del concierto de fin de gira del ‘Celebration Tour’ de Madonna en Copacabana, Lady Gaga ha convocado a sus seguidores en el mismo lugar. Y ha roto su récord en cuanto a la mayor audiencia histórica reunida por una artista femenina en solitario. Si a Madonna fueron a verla 1,6 millones de personas de manera gratuita, a Lady Gaga han acudido 2,1 millones según las autoridades locales. Puede que en plataformas o recaudación de giras no alcance los números de Taylor Swift, ni su show la perfección técnica de Beyoncé, pero a sus «little monsters» los tiene mejor atados que nunca.
El show ha tenido lugar sin mayores sorpresas ni invitados adicionales. Apenas un cambio de vestuario en favor de la bandera local. Si su impacto mediático fuera menor, tan sólo puede ser porque hace muy pocas semanas que otro concierto similar de Lady Gaga se retransmitió al mundo entero: su espectacular y muy comentada actuación en Coachella, de las mejores que se recuerdan, además dos fines de semana consecutivos. Los medios, en ese sentido, no tenemos tanto nuevo que contar en este caso.
El concierto actual de Lady Gaga, que visitará Barcelona precisamente en los albores de Halloween y en la fiesta de Halloween propiamente dicha, introduce su nuevo disco ‘Mayhem’ prácticamente al completo. El «caos» de que habla es retratado con una estética inspirada en el cine de terror, diabólica en la selección de tonos y con multitud de esqueletos dejando momentos muy visuales en temas como ‘Perfect Celebrity’ o ‘Zombieboy’, este último lleno de humor.
Esta elección estética, deliberadamente tétrica y tenebrosa, permite emparentar la era ‘Mayhem’ con la primera Lady Gaga que conocimos: la de ‘Paparazzi’, luego ‘Bad Romance’, luego ‘Born this Way’, y luego el viral de ‘Bloody Mary’, que precisamente abre el concierto y parece haber inspirado toda esta nueva era. Quizá por ello hay tantas concesiones a los prime