Es difícil explicar el fenómeno que representaba Britney Spears en el año 2000. La joven artista estadounidense estaba presente en prácticamente todos los ámbitos de la cultura popular, con su música e imagen imposibles de ignorar. En una época dominada por unas pocas celebridades y medios de comunicación, Spears se convirtió en el icono pop global de la transición de la era analógica a la digital.
El lanzamiento de “Oops!… I Did it Again”, el primer sencillo de su segundo álbum, supuso un auténtico impacto en todo el mundo, a la altura de un meteorito. En aquel momento, los videoclips de Spears, con apenas 18 años, eran verdaderos acontecimientos culturales que se emitían sin descanso en la MTV. Que en el vídeo de “Oops!” la artista apareciera bailando en Marte, enfundada en un icónico mono rojo, encajaba a la perfección con su imagen en aquel 2000.
Todavía no se había alcanzado el nivel de saturación mediática que más tarde definiría la figura pública de Britney Spears. Su imagen aún no estaba marcada por la creciente sexualización, su relación con Justin Timberlake o los millonarios acuerdos publicitarios con Pepsi. En ese contexto, su segundo álbum se limitó a madurar su sonido y consolidar su posición como ídolo adolescente.
Spears comenzó a grabar “Oops!… I Did it Again” en septiembre de 1999, apenas una semana después de finalizar la gira de su debut. En las entrevistas, reconoció sentirse presionada por ofrecer una continuación a la altura de aquel primer disco que vendió más de 30 millones de copias. De aquellas primeras sesiones se recuperaron temas como la power ballad “Where Are You Now”, muy al estilo de Mariah Carey, o “You Got it All”.
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El álbum “Oops!… I Did it Again” se lanzó el 16 de mayo de 2000 y supuso un nuevo éxito rotundo para Britney Spears, que consolidaba su posición como máxima estrella pop del momento. Con una producción sofisticada y pegadiza, el disco confirmaba el dominio de la artista en el panorama musical de la época, convirtiéndose en todo un fenómeno cultural.