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El vídeo de Justin Timberlake detenido

Después de que sus abogados movieran cielo y tierra para que no se publicara, el vídeo de la detención de Justin Timberlake por conducir bajo los efectos del alcohol en junio de 2024 ha salido finalmente a la luz. Lo ha hecho en versión recortada —apenas unos minutos de lo que son ocho horas de grabación— tras un acuerdo entre el equipo legal del cantante y los medios que llevaban meses peleando por su difusión.

La defensa de Timberlake había argumentado que las imágenes lo mostraban en un estado “extremadamente vulnerable” y que publicarlas lo expondría al “ridículo y al acoso público”. Dicho de otro modo: que el vídeo iba a ser devastador. Pues bien, el vídeo ya está ahí fuera y lo cierto es que no devasta nada. Lo que produce es algo bastante peor para alguien como Timberlake: indiferencia teñida de vergüenza ajena.

Las imágenes muestran a un Timberlake visiblemente perdido, con la mirada desenfocada, intentando sin mucho éxito superar las pruebas de sobriedad que le piden los agentes. Caminar en línea recta se le resiste. No es un espectáculo dramático ni una caída épica: es un tipo pasado de copas al que le están haciendo el control más incómodo de su vida. El tipo de situación que cualquiera querría borrar de su memoria y que, en su caso, queda grabada para siempre con resolución de cámara policial.

El momento más revelador llega cuando le preguntan a qué se dedica y él responde: “Soy Justin Timberlake”. Así, a secas, como si eso lo explicara todo. El problema es que el agente que lo está deteniendo no tiene la menor idea de quién es Justin Timberlake. Y ahí, en ese cruce de miradas en el que uno espera reconocimiento y el otro no registra nada, cabe toda una parábola sobre la fama y su fecha de caducidad.

La amiga que lo acompaña tampoco ayuda demasiado. Parece más consciente que el propio Timberlake de la magnitud de lo que está pasando, y en un momento dado suelta a los agentes un ruego que ya es antología del cringe: que si alguna vez les gustó ‘Bye Bye Bye’ o ‘SexyBack’, le hagan el favor de dejarle hablar con él. Se entiende la intención. El resultado es para taparse los ojos.

Hay otro momento que dice mucho: Timberlake revisando el formulario de la detención, fijándose en que los agentes han marcado su raza como “blanco” y haciendo un comentario medio en broma sobre que en su música no lo parece. Es el tipo de cosa que quizá en 2002 habría sonado a bravuconada simpática y que en 2024, viniendo de un señor esposado en una comisaría a las tres de la mañana, suena a cortocircuito. A alguien que sigue operando con el software de cuando era el rey del mundo y no ha actualizado el sistema.

Y eso es lo más duro de todo esto: no el vídeo en sí, sino lo que significa. Timberlake no está acabado. Su última gira pasó por España y funcionó razonablemente bien. Su último disco no era ningún desastre. Medios como Pitchfork siguen reivindicando su discografía, y con motivos: pocas carreras en el pop de este siglo han sido tan influyentes como la suya. Pero hay algo que se ha roto entre el público y él, un crédito que se ha agotado sin que quede del todo claro en qué momento pasó. El vídeo no es la causa de esa desconexión; es su retrato más nítido.

Lo más elocuente quizá no está en las imágenes, sino fuera de ellas. El vídeo lleva días circulando y apenas genera conversación. En los foros especializados, silencio. En redes, un par de memes y a otra cosa. Timberlake, el hombre que definió una era del pop, que fue la mitad más interesante de la ruptura con Britney, que reinventó el R&B blanco con ‘FutureSex/LoveSounds’, provoca ahora lo peor que le puede pasar a alguien que ha vivido de la atención: que la gente mire y se encoja de hombros.

Sus abogados decían que el vídeo lo mostraría en su momento más vulnerable. Se quedaron cortos. Lo que muestra es algo peor: a un tipo que ya no da miedo, ni envidia, ni rabia. Solo da un poco de pena. Y en el negocio de la fama, eso es lo más cerca que se puede estar de no existir.

@elmundo.es Justin Timberlake, grabado durante su arresto por conducir ebrio A pesar de todos los esfuerzos del artista por impedir la difusión de estas imágenes, captadas por la cámara corporal de la policía, finalmente el vídeo ha salido a la luz. En él se ve la prueba de alcoholemia a la que fue sometió en junio de 2024 en Long Island, Nueva York. El cantante argumentó que la publicación de las imágenes le “causaría un daño grave e irreparable” al mostrarle “en un estado de extrema vulnerabilidad” que capta “detalles íntimos de su apariencia física y comportamiento”. Timberlake se declaró culpable y llegó a un acuerdo con la Fiscalía para pagar una multa, realizar trabajo comunitario y protagonizar un anuncio de seguridad vial. “No estuve a la altura de los estándares que intento mantener para mí”, declaró. #justintimberlake #famosos #noticias ♬ sonido original – Somos un periódico

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