El panorama musical no descansa. Desde grandes estrellas del pop hasta propuestas más experimentales, los últimos meses han dejado una avalancha de nuevos álbumes que invitan a la reflexión, al debate y, en muchos casos, a la decepción.
En el lado de los decepciones sonoras, The Black Keys han publicado Peaches!, un trabajo que suena apresurado y poco inspirado, como si hubiera sido compuesto sin demasiada convicción. Los Foo Fighters tampoco salen bien parados con Your Favorite Toy, señalado como un disco en piloto automático que no aporta nada nuevo a su catálogo.
Harry Styles pierde fuelle en Kiss All The Time. Disco, Occasionally., un álbum que difumina el filo que le había granjeado reconocimiento crítico. En la misma línea, Bruno Mars cae en la autoparodia con The Romantic, mientras que Morrissey entrega con Make-Up Is a Lie algo peor de lo que muchos esperaban, que ya era poco.
No todo son palos. Charli XCX presenta en Wuthering Heights una visión del amor que resulta sugestiva, aunque algo más contenida de lo que sus seguidores esperaban. Mitski firma con Nothing’s About to Happen to Me un ejercicio de aislamiento interpretado, paradójicamente, ante una sala llena. Kendrick Lamar demostró con GNX que sabe cómo montar una fiesta sin perder la cabeza.
Lady Gaga encontró cierto refugio en el caos con MAYHEM, y Lorde sorprendió con Virgin, un álbum en el que nunca ha parecido tan insegura ni tan viva al mismo tiempo. Bon Iver abrió un capítulo inesperadamente luminoso con SABLE, fABLE, alejándose de la oscuridad de entregas anteriores.
En el terreno del indie y las propuestas alternativas, Courtney Barnett se mantiene fiel a sus constantes en Creature of Habit, sin grandes sorpresas pero con la solidez de siempre. Arlo Parks apuesta por la ambición en Ambiguous Desire, mientras que American Football logra liberar a sus artífices con su nuevo trabajo.
Kacey Musgraves aparece en Middle of Nowhere en una encrucijada creativa, sin terminar de definir hacia dónde quiere ir. Gorillaz luchan por alcanzar su cima emocional en The Mountain sin acabar de conseguirlo. Y James Blake ofrece resultados desiguales en Trying Times, su incursión en el modo cantautor más desnudo.
Entre los lanzamientos que merecen más atención, Kim Gordon entrega con PLAY ME una declaración de intenciones contra la inteligencia artificial que se presenta como necesaria y urgente. Lucinda Williams lanza en World’s Gone Wrong una llamada de atención sobre el alma de Norteamérica. Y The Cure volvió con Songs Of A Lost World para demostrar que todavía tienen mucho que decir.
El archivo sigue creciendo, y con él la certeza de que la música popular, con sus altibajos, sigue siendo uno de los mejores espejos de nuestro tiempo.