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Cultura pop

Met Gala 2026: ¿para quién es realmente y por qué nos obsesiona?

La gala más esperada de la moda llega este año con un asterisco gigante: los Bezos como copresidentes honorarios.

Met Gala 2026: ¿para quién es realmente y por qué nos obsesiona?
La gala más esperada de la moda llega este año con un asterisco gigante: los Bezos como copresidentes honorarios.

El primer lunes de mayo trae consigo uno de los eventos más esperados del calendario de la cultura pop: la Met Gala. La cita anual es un acto benéfico en favor del Instituto de la Moda del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, pero para la mayoría del planeta es, sencillamente, la noche más grande de la moda. Anna Wintour, histórica directora de Vogue, lleva al frente del evento desde 1995, y el centro lleva su nombre.

Las invitaciones son difíciles de conseguir y carísimas: el año pasado, una entrada costaba 75.000 dólares. Asistir es una señal inequívoca de que has llegado. Estrellas se han forjado en esa alfombra —roja, blanca o rosa según el año— y el impacto en términos de imagen para los diseñadores y firmas que visten a los invitados es prácticamente inconmensurable.

La primera Met Gala se celebró en 1973: costaba 85 dólares por persona y el tema era Balenciaga. Fue Wintour quien la convirtió en un imán para celebrities, invitando a copresidirla a las grandes estrellas del momento y apostando por temáticas cada vez más ambiciosas. En 2015, «China: A través del espejo» dejó para la historia algunos de los looks más icónicos del evento —el abrigo de Rihanna, sin ir más lejos— y consolidó la gala como una oportunidad única para todo el que participa. Cuantos más querían asistir, más subía el precio de la entrada y más disparatadas —en el mejor sentido— se volvían las apuestas.

En su mejor versión, la Met Gala es un cuento de hadas de alta costura con un punto ácido: un desfile de gente guapísima enfundada en conjuntos asombrosos y, a veces, deliberadamente ridículos. Cuando los asistentes se implican de verdad con el tema —el camp, el dandismo negro—, el resultado es una exhibición sin igual. ¿Quién puede olvidar a Zendaya como Juana de Arco, el vestido guiño de Janelle Monáe o las sucesivas revelaciones de Lady Gaga? Incluso el mayor escéptico de la moda puede disfrutar de la Met Gala como la demostración impecable de ingenio y artesanía que es. Escapismo de primera cuando se hace bien.

Ese espejismo, sin embargo, es más difícil de sostener este año. Jeff Bezos y Lauren Sánchez Bezos son los copresidentes honorarios de la edición de 2026, y eso lo cambia todo. Sí, eventos como este siempre han dependido de mecenas adinerados que, a cambio, consiguen que su nombre figure en algún ala del museo. El charity washing no es ninguna novedad. Pero eso no hace menos evidente ni más justificable el intento sudoroso de ciertos multimillonarios de comprar a golpe de talonario su acceso a los círculos del prestigio cultural.

Los Bezos podrían financiar el trabajo del Instituto de la Moda durante décadas sin que eso supusiera el menor rasguño en su patrimonio. Pero la gente como ellos no da el dinero sin más: necesita blandirlo, necesita que los demás lo agradezcan y adulen. En este caso, lo utilizan para hacerse una puesta de largo glamurosa y obligar a todo el mundo a hacer la pelota. Hay pocas cosas menos elegantes que eso.

Este año, la entrada ha subido a 100.000 dólares. En las calles de Nueva York han proliferado protestas y carteles anti-Bezos, con amenazas de piquetes y disrupciones. Cada vez más dinero tecnológico entra en la gala, y eso refuerza la idea de que el evento tiene más que ver con el afán de protagonismo que con la ropa. Siempre ha tenido algo de eso, pero ahora es tan descarado que podría erosionar el factor cool del evento. No puedes organizar una fiesta glamurosa y exclusiva a la que todo el mundo quiere ir, y luego hacerla tan inaccesible que los únicos asistentes sean precisamente los que nadie querría encontrarse en una fiesta.

La presencia de los Bezos probablemente no matará la Met Gala —no mientras Beyoncé y Nicole Kidman también la copresidan—, pero queda la duda de si el interés del público menguará cuando la combinación de arrogancia y ordinariez resulte demasiado abrumadora. Además, este año Zendaya ni siquiera va a estar. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

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