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Cultura pop

Alan Davies: «Hubo malos momentos y malas conductas»

El cómico y actor británico repasa sus excesos, sus demonios y su diagnóstico de cáncer en su nuevo libro de memorias.

Alan Davies: «Hubo malos momentos y malas conductas»
El cómico y actor británico repasa sus excesos, sus demonios y su diagnóstico de cáncer en su nuevo libro de memorias.

Alan Davies lleva décadas haciendo reír a millones de personas, primero desde los circuitos de comedia en directo de los años noventa, luego como protagonista de Jonathan Creek y como cara habitual del programa de cultura general QI. Pero detrás de esa imagen afable y de los rizos plateados que luce ahora a sus 60 años hay una historia bastante más turbulenta de lo que su presencia tranquila y reflexiva podría sugerir.

Su nuevo libro de memorias, White Male Stand-Up, publicado en 2025, arranca en territorio aparentemente luminoso: la escena del stand-up británico de los noventa, con toda la camaradería, los amigos célebres y la euforia de hacer reír a salas repletas de gente. El título lo eligió porque, salvo contadas excepciones, «eso es lo que éramos todos». Davies reconoce que aquella época fue brillante, pero también peligrosa.

La cocaína estaba por todas partes, aunque Davies dice que nunca llegó al punto de necesitarla. El alcohol fue otro asunto. «Puede ser algo muy destructivo, así que hubo malos momentos y malas conductas, cosas de las que uno se arrepiente», admite. Llegó a beberse dos botellas de vino cada noche. Y el ego, dice, tampoco ayudaba: «¿Qué clase de ego tienes que tener para pensar que, estando en una sala con quinientas personas, lo mejor es que solo hable tú?»

El libro no esquiva los episodios más oscuros. Davies reconoce haberse roto la mano de un puñetazo a un amigo, haberse recolocado él mismo la nariz tras una pelea en un pub, haberse escondido de la policía en una zona de juegos infantiles tras un altercado con otro padre, o haber dejado a su mujer, la escritora Katie Maskell, fuera de casa tras una bronca borracha. Una cadena de episodios que le resulta difícil de reconciliar con el hombre sereno que aparece hoy en la conversación.

Fue la cómica Jo Brand —también exenfermera de psiquiatría— quien le sugirió que buscase terapia. Davies la ha encontrado enormemente útil, tanto en sesiones individuales como en pareja con Katie. Parte del nuevo libro está escrito en forma de diálogo, casi como una transcripción de esas sesiones con el terapeuta.

Todo esto se entiende mejor a la luz de su anterior autobiografía, Just Ignore Him, publicada en 2020, en la que Davies reveló que había sufrido abusos sexuales por parte de su padre durante su infancia. En 2017 descubrió que su padre poseía una gran colección de pornografía infantil. Davies quiso denunciarlo, pero para entonces el hombre tenía más de ochenta años y padecía alzhéimer. Falleció posteriormente.

«El impacto —social, cultural— de tener ese número de supervivientes es enorme», reflexiona Davies, que cita las consecuencias habituales del trauma infantil: mayor contacto con servicios médicos y psiquiátricos, mayor riesgo de adicciones, rupturas de pareja, problemas familiares. Él mismo encontró útil el libro El cuerpo lleva la cuenta, de Bessel van der Kolk.

A todo esto se sumó, mientras escribía el nuevo libro, un susto de salud mayúsculo: sangre en la orina, pruebas, diagnóstico de cáncer de vejiga y una operación. «Fue una semana muy dura, esperando los resultados para ver si se había extendido», cuenta. Por suerte, solo se encontró un tumor y fue extirpado. El episodio le hizo tomar conciencia de cuánto quería seguir viendo crecer a su familia —tiene tres hijos de diez, catorce y dieciséis años—, y se convirtió en otro hilo narrativo del libro.

El diagnóstico también ha entrado en su espectáculo de stand-up. Davies describe una exploración de vejiga con cistoscopio rígido comparándolo con el rifle de francotirador de Eddie Redmayne en El día del chacal. «Creo que es el espectáculo más gracioso que he hecho», asegura sin titubear.

Lo que parece importarle por encima de todo es el mensaje de fondo: por terribles que sean las cosas que te ocurren, «eso no es lo que te define ni el factor decisivo de si disfrutas de tu vida o de si lo pasas bien con tu familia».

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