
Hace ya 56 años que España no gana el Festival de Eurovisión. Desde que Salomé se alzara con la victoria en 1969 gracias a su icónico ‘Vivo cantando’, la delegación española no ha conseguido volver a conquistar el codiciado micrófono de cristal. Ni los himnos pop de los años 90 ni los giros más alternativos de los últimos tiempos han logrado romper el maleficio.
La participación de España en Eurovisión ha estado marcada por altibajos, polémicas y renovados intentos de modernización que rara vez cuajan del todo. El Benidorm Fest, instaurado en 2022 por RTVE como nuevo método de preselección, parecía ser la gran esperanza para cambiar el rumbo, pero tras cuatro ediciones, los resultados siguen siendo dispares. Con el espejo de Chanel y su ‘SloMo’ como modelo de éxito reciente, cabe preguntarse: ¿Por qué seguimos sin rozar la victoria?
Aunque la victoria se resiste, no todo ha sido decepción. En varias ocasiones, España ha estado peligrosamente cerca del primer puesto. Remontándonos a 1973, Mocedades firmó un digno segundo puesto con ‘Eres tú’, una de las canciones más reconocibles de la historia del festival. En 1995, Anabel Conde sorprendió con su potente voz en ‘Vuelve conmigo’ y también se hizo con el subcampeonato.
Más recientemente, en 2022, Chanel nos devolvió la ilusión por la victoria con su pegadizo ‘SloMo’, que se quedó a tan solo 6 puntos del triunfo. Sin embargo, a pesar de estos acercamientos, la sequía eurovisiva de España sigue sin romperse.
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Quizás sea hora de replantearse la estrategia y apostar por una propuesta más arriesgada, que consiga conectar con el público europeo. O tal vez el problema radique en la falta de apoyo y promoción suficiente para nuestros representantes. Sea como fuere, lo cierto es que las ansias por la tercera victoria de España en Eurovisión cada vez son mayores. ¿Será este el año en el que rompamos la maldición?