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Música

¿Por qué Madonna o Cher nunca han ido a ‘RuPaul’s Drag Race’?

Madonna RuPaul Drag Race

Un análisis en profundidad sobre las tensiones económicas, logísticas y personales que mantienen alejadas a las diosas del pop gay del programa más icónico de la cultura queer.

El misterio que ningún fan puede ignorar

Desde que RuPaul’s Drag Race se estrenó en 2009 con aquella primera temporada de bajo presupuesto y filtro borroso (cariñosamente conocida como “la temporada perdida”), el programa ha pasado de ser un proyecto de nicho en Logo TV a convertirse en un fenómeno cultural global. Con múltiples premios Emmy y franquicias en prácticamente todos los continentes, Drag Race se ha consolidado como la plataforma definitiva para la visibilidad LGBTQ+ del siglo XXI.

Pero hay algo que no cuadra. Una contradicción que salta a la vista temporada tras temporada: las cuatro mujeres que han servido de inspiración fundamental para generaciones enteras de drag queens (Madonna, Cher, Dolly Parton y Kylie Minogue) nunca se han sentado en el panel de jueces. Ni una sola vez.

No hablamos de artistas cualquiera. Estas cuatro leyendas conforman lo que muchos fans llaman el “Monte Rushmore” del pop gay. Sus canciones son la banda sonora de facto del programa. Sus looks han inspirado incontables pasarelas temáticas. Las reinas las imitan, las veneran, las recrean hasta el último detalle. Pero ellas, las auténticas diosas, brillan por su ausencia.

¿Por qué? ¿Es casualidad? ¿Mala relación con RuPaul? ¿El programa paga demasiado poco? ¿Sus managers consideran que aparecer en un reality es “demasiado barato” para su imagen? Hemos investigado a fondo y la respuesta es mucho más compleja (y fascinante) de lo que parece.

El dinero: cuando mil dólares son calderilla

Empecemos por lo más prosaico: el dinero. Existe la percepción de que RuPaul’s Drag Race paga poco a sus invitados, y la realidad confirma que esto es cierto, aunque incompleto. En la industria de la televisión de realidad y los programas de entrevistas, los invitados no suelen recibir tarifas de mercado por su tiempo. En su lugar, las apariciones se rigen por los mínimos establecidos por el sindicato SAG-AFTRA (Screen Actors Guild – American Federation of Television and Radio Artists).

Los datos sugieren que los jueces invitados en Drag Race reciben honorarios que son, para los estándares de una superestrella, insignificantes. Se ha reportado que las tarifas pueden oscilar en el rango bajo de los cientos o pocos miles de dólares, cifras diseñadas para cubrir la tarifa base sindical por un día de trabajo en un programa de cable básico. Michelle Visage, jueza permanente y productora del programa, ha confirmado en sesiones de preguntas y respuestas que la compensación financiera no es un incentivo viable para atraer talento: “No es mucho”, admitió sin rodeos.

Para una artista como Madonna, cuya gira Celebration Tour generó cientos de millones de dólares, o Cher, quien ha comandado residencias en Las Vegas con contratos multimillonarios, aceptar un cheque de 1.000 dólares (cifra estimada basada en estándares de la industria para guest spots) no tiene sentido económico. El coste de oportunidad es inmenso: un día de rodaje en Drag Race es notoriamente largo, a menudo excediendo las 12 horas, lo que implica bloquear un día entero de una agenda que se monetiza a una tasa exponencialmente mayor.

La promoción no es suficiente

Si el dinero no es el incentivo, la moneda de cambio en Hollywood es la promoción. Lady Gaga (Temporada 9), Christina Aguilera (Temporada 10) y Miley Cyrus (Temporada 11) aparecieron en el programa en momentos estratégicos donde necesitaban conectar con la base demográfica queer para revitalizar una imagen, lanzar un álbum (como Joanne de Gaga o Younger Now de Miley) o simplemente reafirmar su estatus de aliadas en un mercado competitivo.

Sin embargo, para el cuarteto en cuestión (Madonna, Cher, Dolly, Kylie), la ecuación promocional es diferente. Madonna y Cher operan en un nivel de “saturación de fama”. No necesitan a Drag Race para vender discos o entradas; su legado es autónomo. De hecho, su música ya es la banda sonora del programa sin que ellas tengan que mover un dedo.

Y aquí entra un factor clave: el riesgo de la “marca barata”. A pesar de su éxito, Drag Race ha sido criticado históricamente por sus valores de producción, especialmente en sus primeras temporadas y en franquicias internacionales como Drag Race Down Under. La iluminación, la escenografía y la edición a menudo reflejan presupuestos ajustados en comparación con titanes de la red como American Idol o The Voice, donde los jueces (como Katy Perry) pueden ganar 25 millones de dólares por temporada.

Para un equipo de gestión que protege la imagen de una leyenda, colocar a su cliente en un entorno donde la iluminación no es de calidad cinematográfica o donde el guion se siente forzado puede percibirse como un paso en falso, un “golpe hacia abajo” que diluye la mística de la estrella inalcanzable.

La jerarquía de la Lista A

Existe también un factor psicológico en la gestión de celebridades: la validación. Ir a Drag Race implica, en cierto modo, someterse a la autoridad de RuPaul. RuPaul es la “Reina de Reinas”, y en su set, nadie está por encima de él. Para figuras como Madonna, que han luchado por mantener una autonomía feroz y una posición de dominio en la cultura pop, sentarse al lado de RuPaul (y no en un trono por encima de él) podría ser visto como una concesión de poder.

Además, el análisis de la industria sugiere que los agentes de grandes estrellas temen la sobreexposición en plataformas de telerrealidad, que a menudo se asocian con celebridades de “Lista B” o “Lista C” que intentan mantenerse relevantes. Aunque Drag Race ha elevado su prestigio con premios Emmy, el estigma del género reality persiste en los círculos más conservadores de Hollywood.

Madonna: cuando dos egos no caben en el mismo plató

El caso de Madonna Louise Ciccone es, sin duda, el más complejo y fascinante. No se trata simplemente de una cuestión de dinero o agenda; es una saga de décadas que involucra egos heridos, disputas sobre la apropiación cultural y una relación interpersonal gélida con RuPaul Charles.

Nueva York, años 80: el origen de una rivalidad

Para entender por qué Madonna no va a Drag Race, debemos viajar a la Nueva York de los años 80. RuPaul y Madonna coexistieron en el mismo ecosistema de clubes underground (como el Danceteria y el Pyramid Club), pero sus trayectorias se cruzaron con fricción.

En su libro de memorias de 2024, The House of Hidden Meanings, y en entrevistas promocionales, RuPaul ha sido inusualmente cándido sobre sus interacciones tempranas. Describe un encuentro en el que Madonna lo trató con “desprecio”, haciéndolo sentir como un “eunuco sin valor”. RuPaul relata que Madonna le “gruñó” y que la dinámica era puramente transaccional y fría. Esta herida narcisista parece no haber sanado. RuPaul ha internalizado que Madonna es una “Mean Girl” (chica mala), una etiqueta que ha repetido en su podcast What’s the Tee? con Michelle Visage.

Echar más leña al fuego

Lejos de suavizar las cosas con el tiempo, RuPaul ha avivado las llamas recientemente. En un perfil para The New Yorker, criticó abiertamente la negativa de Madonna a envejecer con gracia (según sus estándares), calificando de “extraño” su deseo de realizar giras de estadios y usar grills (joyería dental) a los 65 años.

Estas declaraciones son letales para cualquier posibilidad de colaboración. Madonna es notoriamente sensible a las críticas sobre su edad y ha hecho de la lucha contra el edadismo una parte central de su discurso actual. Que RuPaul, un par generacional (ambos nacidos a finales de los 50/principios de los 60), se una al coro de críticos valida la decisión de Madonna de mantenerse alejada.

El debate sobre “Vogue” y la apropiación cultural

Existe una tensión subyacente sobre quién “posee” o representa mejor la cultura queer negra y latina. Algunos críticos sugieren que Madonna podría ver a RuPaul con recelo. Madonna fue criticada en su momento por apropiarse de la cultura Ballroom para su éxito Vogue, aunque también se le atribuye haberla llevado al mainstream y haber dado empleo a bailarines de la escena.

RuPaul, por otro lado, ha mercantilizado el drag a una escala industrial. Hay una percepción en ciertos sectores de que Madonna podría considerar que su contribución como aliada pionera durante la crisis del SIDA le otorga un estatus que no requiere la validación de un programa de televisión, y que RuPaul, en cierto sentido, es un competidor por el título de “icono supremo” de la comunidad.

La obsesión unilateral del programa

Ante la imposibilidad de conseguir a Madonna, Drag Race ha optado por una estrategia de homenaje obsesivo que bordea la sátira. Michelle Visage, la mano derecha de RuPaul, es una superfan autoproclamada de Madonna. Su idolatría es tal que el programa ha convertido el rechazo de Madonna en un chiste recurrente: Visage a menudo bromea diciendo que no puede acercarse a Madonna debido a una orden de restricción. Este humor autodespreciativo es una forma de gestionar el rechazo público.

La intensidad de las referencias a Madonna en el programa es abrumadora. La temporada 8 vio el infame “Kimonogate”, donde cuatro reinas aparecieron vestidas con kimonos idénticos (referencia al video Nothing Really Matters) para la pasarela “Night of 1000 Madonnas”. Esto obligó a una repetición de la categoría en la Temporada 9. Además, se han realizado “Rusicals” enteros dedicados a ella (Madonna: The Unauthorized Rusical en la Temporada 12).

La respuesta de Madonna es reveladora: rara vez reconoce estos tributos. Sin embargo, es notable que ella sí colabora con ex-concursantes de Drag Race, como Bob the Drag Queen, quien fue el maestro de ceremonias de su Celebration Tour. Esto demuestra que Madonna no tiene problemas con el drag o con las reinas de RuPaul, sino específicamente con la institución del programa o con RuPaul mismo. Bob the Drag Queen reveló que Madonna estaba al tanto de los memes y críticas del programa, llegando a defenderse de comentarios hechos por otras reinas como Plane Jane, lo que indica que ella observa, pero decide no participar.

Dolly Parton: la tía querida que nunca llega a cenar

Si Madonna es la rival inalcanzable, Dolly Parton es la tía querida que nunca llega a la cena de Navidad porque vive demasiado lejos. Su ausencia es, según todas las fuentes, una cuestión puramente logística y de estilo de vida, desprovista de la malicia o tensión que caracteriza el caso de Madonna.

El autobús de la discordia

Screenshot

Dolly Parton ha cultivado una marca de autenticidad y humildad que se extiende a sus hábitos de viaje. Es un hecho bien documentado que Dolly detesta volar. Prefiere vivir y viajar en su autobús de gira personalizado, una “casa rodante” de lujo donde tiene todo lo que necesita.

Esta preferencia no es trivial; es una barrera estructural masiva. Drag Race se filma típicamente en Los Ángeles (para las temporadas de EE. UU.), mientras que Dolly reside principalmente en Tennessee. Viajar de Tennessee a California en autobús es una travesía de varios días. Para una aparición de un solo día como juez invitado (que paga el mínimo sindical), la logística de movilizar su autobús a través del país es simplemente inviable. Michelle Visage ha declarado explícitamente: “Le pedimos a Dolly Parton desde hace once, doce, trece años… Al final del día es la agenda, y es un día muy largo para esta gente”.

La solución virtual

La producción es consciente de que Dolly nunca dirá que sí a una aparición física si implica alterar su estilo de vida. Sin embargo, la insistencia anual se ha convertido en una tradición. A diferencia de Madonna, Dolly rechaza las invitaciones con gentileza sureña, citando siempre conflictos de agenda.

La solución de compromiso llegó finalmente en All Stars 7, la temporada de “solo ganadoras”. Dolly Parton hizo una aparición virtual mediante un video pregrabado para presentar la pasarela “Night of 1000 Dolly Partons”. En este video, mostró su carisma habitual y validó a las reinas, diciendo: “Nunca harás mucho a menos que seas lo suficientemente valiente para intentarlo”.

Esta aparición virtual es clave para entender la dinámica: Dolly está dispuesta a prestar su imagen y su bendición, pero no su cuerpo físico en el estudio. Su participación digital satisfizo la necesidad de conexión sin violar sus reglas de viaje.

El drag de la clase trabajadora

Es importante notar que Dolly Parton representa un tipo de drag diferente: el drag de la clase trabajadora, la exageración del “white trash” convertido en alta costura. Ella misma ha dicho famosamente: “Cuesta mucho dinero verse tan barata”. Esta filosofía resuena profundamente con el ethos del drag. Su ausencia física no se siente como un desaire elitista (como podría interpretarse con Madonna), sino como una peculiaridad entrañable de su carácter. El programa continúa reverenciándola no a pesar de su ausencia, sino casi gracias a la mística de su inalcanzabilidad geográfica.

Cher: la promesa que siempre se pospone

Cherilyn Sarkisian, conocida monónimamente como Cher, ocupa un espacio liminal. A diferencia de Madonna, ella tiene una relación documentada y cálida con RuPaul. A diferencia de Dolly, ella viaja y hace apariciones en medios. Entonces, ¿por qué no ha estado en el panel?

La estrategia de la delegación familiar

Cher ha empleado una táctica única: enviar a sus embajadores. En la Temporada 6 (episodio 8), el programa recibió a dos miembros del clan Cher: su madre, la legendaria Georgia Holt, y su hijo, Chaz Bono.

Esta aparición fue significativa. Chaz Bono es un activista trans prominente y su presencia, junto a su abuela, sirvió para un desafío de talk show. La presencia de su familia sugiere una aprobación tácita y directa de Cher hacia la franquicia. No enviaría a su madre anciana y a su hijo a un entorno que considerara hostil o “barato”. Esto ha llevado a la teoría de que Cher está “guardando” su aparición para un momento cumbre, quizás el final definitivo de la serie, o que siente que su familia ya cumplió la cuota de representación.

La amistad con RuPaul

RuPaul y Cher tienen historia. En 1997, Cher fue invitada a The RuPaul Show en VH1, uno de los primeros talk shows conducidos por una drag queen. La química entre ambos fue evidente y respetuosa.

En entrevistas recientes, cuando se le presiona sobre Drag Race, Cher ha dicho: “Voy a tener que ir en algún momento… Lo consideraría… Conozco a RuPaul desde hace mucho tiempo. Es un tipo genial”.

Sin embargo, sus declaraciones siempre vienen acompañadas de la muletilla de la “agenda”. Cher es una artista que, a pesar de su edad, mantiene un ritmo de trabajo frenético con giras, residencias, lanzamientos de perfumes y activismo (como el rescate del elefante Kaavan). Coordinar un día de rodaje de 14 horas por una tarifa nominal compite con compromisos humanitarios y comerciales de gran envergadura.

El tributo sin la homenajeada

Al igual que con Madonna, el programa intentó llenar el vacío con un tributo masivo en la Temporada 10: Cher: The Unauthorized Rusical. Se esperaba que Cher apareciera para juzgar este episodio, como es costumbre cuando se hace un tributo específico (por ejemplo, Lady Gaga en su episodio, o Shania Twain). Sin embargo, Cher solo envió un mensaje de video.

La crítica de medios como Jezebel y Entertainment Weekly señaló que, aunque el tributo fue competente (y le valió a Kameron Michaels elogios por su imitación), la ausencia de la verdadera Cher dejó un vacío palpable. Se especula que la presión de juzgar a reinas imitándola cara a cara podría ser incómoda para ella, prefiriendo la distancia de la pantalla.

Kylie Minogue: víctima de la mala suerte y la geografía

Kylie Minogue es la “Reina del Pop” en Australia y el Reino Unido, territorios donde Drag Race tiene franquicias exitosas. Su ausencia física es quizás la más frustrante porque parece ser la más evitable, fruto de una mala sincronización y decisiones de producción cuestionables.

El desastre de Drag Race Down Under

Cuando se anunció Drag Race Down Under (la versión australiana/neozelandesa), la comunidad dio por hecho que Kylie Minogue sería la invitada principal, o incluso la coanfitriona. Ella es, indiscutiblemente, el icono gay más grande de la región.

Sin embargo, la producción de la primera temporada fue un caos logístico. Debido a la pandemia de COVID-19, la filmación se trasladó a última hora de Australia a Auckland, Nueva Zelanda. Esto creó una barrera fronteriza insalvable. En ese momento, las burbujas de viaje entre Australia y Nueva Zelanda eran frágiles y se cerraban con frecuencia. Kylie, que reside entre Londres y Melbourne, no pudo coordinar la cuarentena necesaria para aparecer físicamente en el set de Auckland por un solo episodio. Como resultado, ella y su hermana Dannii Minogue aparecieron vía video, una decepción masiva para los fans que esperaban verla en la pasarela.

El problema de la producción “barata”

En el caso de Drag Race Down Under, la preocupación sobre los valores de producción es totalmente válida. La temporada fue ampliamente criticada por fans y prensa especializada por sus bajos estándares: el set parecía pequeño (“un garaje”), la iluminación era poco favorecedora y la calidad de audio era deficiente.

Para una artista como Kylie, cuya estética visual es impecable y de alta gama (como se ve en sus eras Aphrodite o Disco), aparecer en un set mal iluminado podría dañar su imagen. Es plausible que su equipo prefiriera una intervención controlada (video pregrabado con su propia iluminación) a arriesgarse en un set físico de dudosa calidad técnica.

El futuro: “Padam Padam” y nuevas oportunidades

Recientemente, con el éxito viral de su single “Padam Padam” y su álbum Tension, Kylie ha vuelto a estar en el centro de la conversación cultural en EE. UU. Ha aparecido en múltiples videos para Drag Race (UK vs The World, UK Season 4) dando su “sello de aprobación”. Su entusiasmo parece genuino: “¡Diablos, sí! Tengo que hacerlo”, ha dicho.

A diferencia de Madonna, no hay mala sangre. A diferencia de Dolly, ella viaja internacionalmente de forma constante. A diferencia de Cher, no delega en su familia. Todo apunta a que Kylie es la candidata más probable para romper la racha, posiblemente en una futura temporada de Drag Race UK (donde reside) o en una versión All Stars global, siempre que la producción pueda garantizar un estándar visual a la altura de su leyenda.

El efecto “ballena blanca”

La ausencia continua ha transformado a estas mujeres en las “Ballenas Blancas” de RuPaul. Su no participación genera una mística que el programa explota estratégicamente. Cada temporada, los fans especulan: “¿Será este el año?”. Esta especulación mantiene el interés. Si Madonna finalmente apareciera, el momento sería histórico, pero también rompería la tensión narrativa que el programa ha construido durante 16 años.

Existe el riesgo de que la realidad no cumpla con la expectativa. Cuando Lady Gaga apareció (Temporada 9), fue reverenciada y actuó casi como una mentora, no como jueza crítica. Shania Twain (Temporada 10), por otro lado, fue criticada por parecer desinteresada o de bajo perfil. Es posible que los equipos de Madonna o Cher teman este escenario: ir al programa y no ser “suficientemente icónicas” en el contexto de la telerrealidad, o ser eclipsadas por la personalidad dominante de RuPaul.

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