Cerca de 52.000 personas pasaron por el WARM UP Estrella de Levante este año, seducidas por un cartel que mezclaba nombres nacionales e internacionales con una variedad difícil de ignorar. La jornada del sábado resultó ser la más contrastada de las dos: más fresca que el viernes, la temperatura iría bajando con las horas, pillando a más de uno con menos abrigo del necesario.
Todavía de día, La La Love You ofreció uno de los conciertos más llamativos visualmente de la jornada. Su escenario, presidido por una burbuja gigante con una cabeza de alienígena dentro, estructuró un show en torno a una invasión extraterrestre anunciada vía noticiario. La estética sci-fi pulp-pop tiñó su repertorio de himnos punk-pop, con versiones de Nena Daconte y los Ramones, además de temas propios como Los ojos, chica, no mienten o la sentimental Laponia. El momento más recordado: David Merino surfeando entre el público metido dentro de una burbuja, al estilo Flaming Lips pero con actitud punki.
En el escenario pequeño, Las Petunias sonaron vigorizadas y muy ramonianas presentando temas de su último EP. Ahora son cuatro miembras tras incorporar una batería murciana, y sus guitarras punk-rock rugieron con todo el descaro de SHHH!!! o Historias de mi madre, cerrando con el ya icónico grito «uh ah, Marcelo Criminal».
Al atardecer, Carlos Ares congregó a un público notable con su propuesta de folk-rock clásico. Una banda numerosa con guitarras acústicas, violines, pianos y destellos de jazz respaldó temas como Aquí todavía o La boca del lobo, con muchas papeletas para volverse clásicos. La puesta en escena simulaba una cabaña de piedra coherente con la estética rural de su obra.
El trío mallorquín FADES desplegó su tecno-pop amateur queer reivindicativo en el escenario emergente con coreografías superpop y letras explícitamente políticas contra el turismo masivo y el fascismo. Se dirigieron al público murciano en catalán en todo momento, y sus rimas arrancaron las carcajadas de todo el recinto, incluidos los fotógrafos.
Con la noche ya asentada llegó Bloc Party, que según su líder Kele Okereke tocaban en España por primera vez en mucho tiempo. Sonido limpio y cristalino, aunque con algunos problemas técnicos en los pedales que dejaron a Kele visiblemente frustrado en varios momentos, si bien siempre los resolvió con rapidez. El público enloqueció con Banquet o Helicopter, pero los temas nuevos también aguantaron el tipo, especialmente Love Bombs, donde la proyección vocal de Kele resultó especialmente potente y limpia. La energía decayó algo en ciertos tramos, quizá por el cansancio acumulado del día anterior o por el menor conocimiento de las canciones inéditas.
Ojete Calor, es decir, Carlos Areces y Aníbal Gómez, arrancaron su show con un fragmento de Barcelona de Freddie Mercury a todo trapo, poniendo en bandeja su propuesta cómica desde el primer segundo. Sus bromas sobre el «aroma» a marihuana del recinto, el murciano como idioma propio o el supuesto pendrive de Fatboy Slim arrancaron carcajadas constantes. Más allá del humor, los estribillos de Extremismo mal, Vintage o Gilipó demuestran que su propuesta va mucho más allá del monólogo. La coreografía sincronizada con una pantalla de Mario Bros en Vintage o el ataque con pistolas de humo de Mocatriz fueron momentos de puro espectáculo. La sesión de versiones de clásicos del pop se hizo algo larga, con rancheras, Raffaella Carrà, Camilo Sesto o Concha Velasco, y se agradecería un tramo más breve a favor de repertorio propio.
Lori Meyers vivió una actuación de entrega total por parte de un público que coreó cada tema, de Hacerte volar a Luces de neón. La banda granadina abrió con un tema completamente nuevo, En lo total, que adelanta su próximo disco, demostrando su capacidad para seguir conquistando a su masivo público con material fresco.
Viva Belgrado llenó el escenario pequeño de una furia guitarrera apabullante. Su hardcore emocional sonó perfectamente engrasado en temas como Vernissage o Chéjov y las gaviotas, con el screamo de Cándido Gálvez en plena forma frente a una pantalla con el lema «Poético, político y un poco espiritual».
Fatboy Slim cerró la noche con una sesión electrónica de altura, con referencias al ácido, samples de Eminem y visuales con rostros como los de Basquiat o Blondie. Unas gotas de lluvia amenazaron el final de la jornada, pero no fueron a más. Quentin Leo Cook demostró que los DJs que conocimos en los noventa saben levantar una rave como pocos.