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El cambio climático está convirtiendo el planeta en un laboratorio de superbacterias

Las altas temperaturas están haciendo que microorganismos peligrosos se extiendan por nuevas zonas geográficas. Una bacteria comecarnes que antes solo aparecía en el sur de Estados Unidos ahora mata personas en Nueva York, y España podría ser la siguiente.

El cambio climático está convirtiendo el planeta en un laboratorio de superbacterias

Vernon Spear, de 85 años, solo quería recoger unos cangrejos azules de su trampa en Maryland el pasado julio. Un simple arañazo en el brazo mientras manipulaba la jaula metálica se convirtió en una pesadilla que casi le cuesta la vida. En pocas horas, su brazo se hinchó y adquirió tonos violáceos que parecían una quemadura grave. El culpable: una bacteria conocida como Vibrio vulnificus, popularmente llamada «bacteria comecarnes».

Lo que hace décadas era una rareza médica en el norte de Estados Unidos, ahora se está convirtiendo en una amenaza real. Esta bacteria, que bajo el microscopio parece una judía con cola, está matando personas tan al norte como Nueva York y Rhode Island. Y todo apunta a que el cambio climático tiene mucho que ver.

Cuando el calor despierta a los microbios

«Lo que ha ocurrido es que el ambiente ha cambiado», explica Rita Colwell, microbióloga de 91 años de la Universidad de Maryland. No es que las bacterias estén migrando exactamente, sino que las condiciones ambientales les están permitiendo proliferar en lugares donde antes apenas sobrevivían.

La V. vulnificus siempre ha estado presente en pequeñas cantidades donde se mezcla el agua dulce y salada. Pero cuando la temperatura del agua supera los 15 grados centígrados, se vuelve más abundante. Por encima de los 25 grados, su población se dispara. En Maryland, los casos confirmados han aumentado más del 50% en catorce años, pasando de ser «una rareza asombrosa» en los años 80 a registrar una docena de casos anuales.

El planeta como tubo de ensayo

Tendemos a pensar en el cambio climático desde la perspectiva de especies vulnerables como los osos polares o las tortugas marinas, pero los microorganismos —que superan en número a plantas y animales— están experimentando transformaciones igual de dramáticas.

«Estamos tratando con la primera forma de vida en la Tierra», señala Antje Boetius, presidenta del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey. «Nuestro planeta es el tubo de ensayo. Lo calentamos un poco y todo cambiará».

Los microbios no son meros ocupantes pasivos del planeta: son co-creadores de nuestro entorno. Las algas microscópicas producen gran parte del oxígeno que respiramos, diversos microbios procesan casi toda la materia vegetal muerta del planeta, y sin esta función básica «estaríamos todos sentados sobre una pila de hojas», como explica Steven D. Allison, ecólogo de la Universidad de California.

La velocidad de la evolución microbiana

Lo que hace especialmente preocupante esta situación es la velocidad a la que evolucionan los microorganismos. Muchas bacterias se dividen varias veces al día, acumulando mutaciones en el proceso. «Cada división es un experimento de supervivencia, con una tirada de dados genética ligeramente diferente», describe el microbiólogo A. Murat Eren.

La diferencia entre la velocidad de evolución humana y microbiana es como «la diferencia entre una placa tectónica a la deriva y un caza F-16», añade Eren. Esta capacidad adaptativa no es teoría: experimentos históricos han demostrado cómo los microbios pueden desarrollar nuevas habilidades en relativamente poco tiempo.

Un futuro incierto

Mientras Vernon Spear se recupera de una cirugía que le dejó el músculo y el hueso del brazo al descubierto, la comunidad científica advierte sobre un futuro donde microorganismos patógenos podrían aparecer en nuevos lugares y volverse más comunes.

Con el planeta actuando como un gigantesco laboratorio natural, estamos presenciando en tiempo real cómo el calentamiento global está reescribiendo las reglas del juego microbiano. Y España, con su creciente temperatura del agua mediterránea, podría no estar tan lejos de enfrentar amenazas similares.

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