La UER se monta una película con Malta: “Las vaginas no cantan en Eurovisión”
La Unión Europea de Radiodifusión (UER), ese organismo que supervisa el festival donde más purpurina y plumas se desperdician por metro cuadrado, ha demostrado una vez más que tiene el sentido del humor bajo mínimos. La organización ha decidido censurar la canción de Malta para Eurovisión 2025 porque, agárrate, la palabra maltesa “Kant” (que significa cantar) suena parecido a la palabra inglesa “cunt” (vagina). Vamos, que en la UER deben de tener un diccionario de palabrotas de todos los idiomas europeos para evitar que alguien se sonroje durante la retransmisión.
Miriana Conte, la pobre representante maltesa, se ha quedado con cara de póker al ver cómo su ingenioso juego de palabras para el estribillo se iba por el desagüe. Según los presentadores del morning de Europa FM, la cantante “se ha pillado un buen disgusto”. Lógico, majos, a cualquiera le jode que le censuren por un malentendido lingüístico. ¿Y si empezamos a censurar todas las palabras que suenan mal en otros idiomas? Adiós a la mitad del vocabulario europeo.
Lo mejor de todo ha sido la carta que le han dedicado desde el programa: “Nos en-KANT-a tu canción”, le han dicho con ese humor español que tanto nos caracteriza. Y han añadido: “El año pasado llevamos una canción llamada Zorra, así que si literalmente quisieras hacer mención a la vagina, estamos a tope contigo”. Ole ahí, esa coherencia. Enviamos a Nebulossa cantando sobre zorras pero nos escandalizamos con una palabra maltesa que, casualidades de la vida, suena a vagina en inglés.
Para rematar, los presentadores le han asegurado que “independientemente de lo que pase, no nos cabe duda de que irás a Eurovisión a puro serving kant”. Es decir, que vaya a Basilea y suelte toda su “kant” aunque los de la UER se lleven las manos a la cabeza.
¿Alguien les ha explicado a los de la UER que censurar una palabra maltesa por su parecido con una inglesa es como prohibir la palabra “foca” en español porque suena a algo muy feo en inglés? En fin, otra prueba más de que en Eurovisión todo vale menos lo que realmente importa: la música y el respeto a las diferencias culturales. Mientras tanto, seguiremos disfrutando de canciones sobre pollas de poni, chicas que hacen perreo y señores con camisetas de tirantes sudadas. Eso sí que es cultura europea de la buena.