A mitad del concierto inaugural de su gira mundial, Harry Styles pregunta al público del Johan Cruijff Arena de dónde han venido. La respuesta deja claro que los residentes de Ámsterdam son amplia minoría: hay seguidores llegados desde Suiza, Irlanda y mucho más lejos. No es casualidad. La gira Together, Together es, en sí misma, una demostración de poder.
Y es que Styles no recorre el mundo de ciudad en ciudad: hace largas residencias en unos pocos recintos escogidos. Sus diez noches en Ámsterdam son los únicos conciertos que ofrece en la Europa continental, antes de pasar por Londres, São Paulo, Ciudad de México, Nueva York, Melbourne y Sídney. Doce noches consecutivas en Wembley, por ejemplo, es una hazaña que ni la gira Eras de Taylor Swift ha conseguido igualar.
Todo eso apuntala una carrera que ha logrado uno de los saltos más complicados de la industria: pasar de miembro de un grupo de chicos fabricado por una discográfica a artista en solitario respetado por la crítica y adorado por el público. Para encontrar un equivalente más o menos comparable habría que remontarse a la etapa post-Wham! de George Michael.
Aunque ese dominio ha tenido sus primeros tropiezos con la llegada de su cuarto álbum, Kiss All The Time. Disco, Occasionally. La crítica lo recibió con escaso entusiasmo, señalando una música contenida y unas letras tan opacas que sonaban a veces deliberadamente vacías. Más significativo aún: la respuesta comercial fue más tibia de lo habitual. Los singles Aperture y American Girls llegaron al número uno en el Reino Unido, sí, pero solo durante una semana cada uno. Su predecesor, As It Was, aguantó diez semanas en lo más alto.
Nada de esto se nota en Ámsterdam. El público recibe las canciones del nuevo disco con el mismo fervor que los grandes éxitos: incluso el gesto de Styles bebiendo agua entre canción y canción provoca una reacción desproporcionada. En directo, sin embargo, los temas que en disco podían sonar algo planos ganan una energía considerable.
Algunos han sido claramente retocados para el escenario: Taste Back incorpora ahora un sample contundente de Born Slippy de Underworld. Otros simplemente se potencian con la magia de la actuación en vivo. Ready, Steady Go! cobra una vitalidad especial cuando Styles la interpreta en medio del público, rodeado de bailarines, en una de las tres pasarelas con luces LED que se adentran en el patio de butacas.
Ahí reside la tensión más interesante de su carrera en solitario: la mezcla entre movimientos de pop directo —los vientos irresistibles de Music For A Sushi Restaurant, los estribillos de Watermelon Sugar o As It Was— y saltos hacia territorios más arriesgados. En un momento del show, el hombre que cautivó a Simon Cowell en The X Factor grita en un micrófono distorsionado con una energía que recuerda al difunto Mark E Smith de The Fall. La versión en directo de Treat People With Kindness le debe mucho a los Talking Heads, concretamente a This Must Be The Place.
No todo funciona: Season 2 Weight Loss sigue sonando difusa e irregular pese a los esfuerzos del público. Pero lo que sí funciona lo hace con convicción, y eso se explica en gran parte porque Styles, más allá de su fotogénica presencia, es un artista genuinamente carismático. En un momento del pop en que las estrellas evitan cualquier riesgo, hay algo refrescante en alguien dispuesto a empujar, aunque sea un poco, los límites del género.
La gira Together, Together se extiende hasta el 13 de diciembre.