Un dibujo animado para niños en edad preescolar sobre las aventuras de una niña y un oso retirado del circo no parece, a primera vista, materia de debate parlamentario. Sin embargo, un grupo de más de 50 diputados del Parlamento británico, de formaciones tan distintas como los Liberal Demócratas, el Laborismo, los Conservadores, los Verdes, el SNP y Plaid Cymru, ha escrito a la secretaria de Cultura, Lisa Nandy, para pedirle que intervenga contra Masha y el Oso.
La carta, coordinada por el diputado liberal demócrata Tom Gordon, acusa a la serie de constituir una forma de propaganda rusa «nada sutil». Los firmantes señalan episodios concretos en los que la pequeña Masha aparece vestida con lo que parece un gorro de tripulante de tanque y un uniforme de la época soviética, o tocada con lo que los parlamentarios describen como el sombrero de un guardia de frontera soviético, históricamente asociado a la NKVD, la policía secreta de la Unión Soviética. En la carta se recuerda que ese organismo fue «responsable de deportaciones masivas, ejecuciones y la persecución de decenas de millones de personas».
Los diputados también apuntan a la cuenta oficial en inglés de X del estudio productor, Animaccord, donde se compartió una imagen de Masha con ese atuendo militar acompañada del texto: «¡Una auténtica chica del ejército con una red de mariposas! ¡Estoy en el ejército ahora!». Los parlamentarios consideran que esto «normaliza activamente la iconografía militar soviética ante una audiencia global de niños pequeños».
La preocupación se ha intensificado después de que Netflix anunciara la adquisición de dos nuevas temporadas de la serie y la ampliación de su acuerdo de licencia en más de 100 países. Además, la serie también está disponible en el Reino Unido a través de ITVX, la plataforma digital de ITV. «Los padres británicos tienen derecho a esperar que los contenidos que llegan a sus hijos a través de plataformas con licencia hayan sido sometidos a un escrutinio adecuado, especialmente cuando aliados nuestros han planteado dudas creíbles sobre propaganda estatal», recoge la carta.
No es la primera vez que la serie levanta suspicacias fuera de Rusia. El Centro Ucraniano para la Lucha contra la Desinformación, respaldado por el Gobierno ucraniano, la ha calificado de «instrumento del poder blando ruso», alegando que incluye «burlas a las tradiciones de otras naciones» y «la normalización de símbolos soviéticos y temáticas militaristas». Por su parte, Margus Tsahkna, ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, declaró el mes pasado que la serie «forma parte del poder blando del Kremlin» y que esos símbolos soviéticos representan, para países como Estonia, «ocupación, matanzas masivas, deportaciones y crímenes contra la humanidad».
Animaccord rechaza categóricamente estas acusaciones. Su portavoz, Melanie Bonvicino, afirmó que la empresa «rechaza de forma absoluta la falsa y difamatoria sugerencia de que Masha y el Oso esté asociado a la propaganda», y subrayó que la serie lleva casi dos décadas entreteniendo a familias en más de 100 países «con temáticas universales de amistad, amabilidad e imaginación». El estudio asegura no haber recibido nunca financiación estatal y operar «en pleno cumplimiento de la legislación aplicable».
El Departamento de Cultura, Medios y Deporte declinó hacer comentarios. Fuentes del Gobierno indicaron que corresponde a los propios canales decidir qué emiten, siempre que el contenido respete la normativa supervisada por el regulador audiovisual Ofcom. ITV también se negó a comentar el asunto, y se entiende que su acuerdo para emitir la serie no implicó una tarifa elevada. La serie, por cierto, es uno de los programas más vistos de la historia de YouTube: uno de sus episodios de siete minutos acumula más de 4.600 millones de reproducciones en la plataforma.