Jon Savage tiene 73 años, nació en Londres y es uno de los críticos musicales más influyentes del mundo anglosajón. Su libro England’s Dreaming, sobre los Sex Pistols, es una obra de referencia ineludible para entender el punk. Ahora llega El público secreto. Cómo los artistas LGTBQ dieron forma a la cultura popular (1955-1979), traducido al español por Tito Pintado para la editorial Liburuak, un ensayo monumental en el que Savage entrelaza su vasto conocimiento musical con su propia identidad gay y con décadas de lucha por los derechos del colectivo LGTBIQ+.
«Este libro lleva rondando mi cabeza décadas», reconoce el autor, «pero cuando uno envejece, quiere dejar cosas hechas». Savage identificó su homosexualidad con 20 años, aunque tardó tiempo en visibilizarla. «Cuando era joven, ser gay era algo marginal. Las personas LGTBIQ+ sufrían maltrato y eso deja cicatrices», explica. Le llevó mucho tiempo superar toda esa negatividad acumulada.
Su relación con la música siempre estuvo marcada por esa sensibilidad divergente. Le fascinaban los Beatles por su pelo largo, los Rolling Stones por su estética, los Kinks y el androgismo de Dave Davies. «Siempre sentí sintonía con ese tipo de divergencias respecto al sexo y al género. En parte porque pensaba que ser un hombre heterosexual normal parecía muy aburrido». Esa misma sensación le empujó hacia el punk, un territorio de expresiones culturales originales, raras y marginales.
En la prensa musical de finales de los setenta, Savage no fingía ser heterosexual, pero tampoco vivía su orientación de manera abierta. «No era algo fácil. Sin embargo, escribir no deja de ser la expresión de una persona, así que nuestra orientación estaba presente de manera inevitable», reflexiona. El libro rastrea ese subtexto queer en la música popular desde los años cincuenta: desde Tutti Frutti de Little Richard hasta el homoerotismo de Village People, pasando por la Motown, Dusty Springfield o Sylvester.
Sobre Village People, Savage es rotundo: fueron concebidos por el empresario gay Jacques Morali y su código era transparente para quien quisiera verlo. Sin embargo, conforme llegó el éxito masivo, el grupo fue distanciándose de esas referencias. «Aunque se habían apoyado en el público gay, ya eran atractivos para las masas». Sylvester, en cambio, nunca renunció a nada: «Era gay, visible y fabuloso. Fue el primer cantante homosexual que triunfó. You Make Me Feel Mighty Real es una canción maravillosa».
La figura de David Bowie también ocupa un lugar central en el ensayo. Para Savage, Bowie fue «una fuerza cultural arrolladora que facilitó la expresión de la diversidad», aunque nunca fue un activista al uso: «Era travieso y calculador. Se dio cuenta de que podía generar impacto y quería fomentar un cambio cultural, pero nunca se alineó oficialmente» con el movimiento de liberación gay.
Savage cierra el libro en 1979, con Sylvester y la marcha nacional por los derechos de gais y lesbianas en Washington. No quiso adentrarse en los ochenta ni en la epidemia del sida: «Fue una época horrible y sombría». Pero reconoce que la historia podría continuar: Culture Club, Bronski Beat, Soft Cell, Pet Shop Boys… «Eso es otro libro», dice. «Si el final te deja con ganas de un poco más, tal vez sea un final hermoso».
En cuanto al presente, Savage no oculta su preocupación. Los avances del colectivo LGTBIQ+ en las últimas décadas están generando, a su juicio, una reacción feroz impulsada desde regímenes como la Rusia de Putin o la América de Trump. «Las personas LGTBIQ+ somos un hecho, que lo acepten. Es una tontería pensar que ampliar derechos puede perjudicar a alguien». Y sobre los ataques a las personas trans, es contundente: «Me recuerda a lo que hacían a los homosexuales hace 40 años. Es repugnante y no hay excusa para ello».