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‘Azul y no tan Rosa’: un canto a la esperanza

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‘Azul y no tan rosa’ cuenta la historia de Diego, fotógrafo gay que tiene que lidiar con su hijo adolescente y con el grave estado de salud de su novio tras un ataque homófobo. Al mismo tiempo se cuenta la historia del grupo de amigos que le ayudan, una transexual que se llama Delirio del Rio (en homenaje a Dolores) y una asistenta maltratada por su marido. Todos intentan mejorar sus vidas al mismo tiempo que luchan contra los prejuicios que perviven en la sociedad Venezolana hacia los gays, las mujeres y los transexuales.

Cuando en los Goya de este año ‘Azul y no tan rosa’ ganó el premio a Mejor película Iberoamericana el momento que se vivió sorprendió en la España cínica y descreída de la era Rajoy; costaba creer que el enorme grupo de actores y técnicos que subieron a recoger el premio mostraran esa alegría desbordante por un Goya, que el director declarara que Venezuela llevaba todo el periodo de nominaciones celebrándolo como “si fuera un mundial de futbol” y abogara por dar voz a una parte de la sociedad de su país que hasta ahora no la tenía. Todos los depresivos y abotargados miembros de la academia miraban con una mezcla de envidia e incredulidad esa escena tan llena de energía y los presidentes de la comunidad de Madrid y de la Academia se reían con condescendencia, como el que ríe al dar cacahuetes a unos monos y estos lo agradecen con una gracia.

Y esto simboliza perfectamente lo que es esta película; esperanza y ganas de dar visibilidad a un colectivo que hasta ahora estaba mudo en Venezuela. ‘Azul y no tan rosa’ podría haber sido rodada perfectamente en la despreocupada España de los 90, cuando se hicieron películas como ‘Más que amor frenesí’, ‘Perdona Bonita’ o ‘Amor de hombre’, cuando la sociedad Española descubrió que existía una sociedad gay, ese periodo que vivió el renacer de Chueca y los vecinos del barrio estaban agradecidos de que esos “gays tan simpáticos” les hubieran limpiado el barrio de chusma, cuando había un público joven que se sentía identificado con esas historias, transgresoras para la época, y sentían que tenían algo por lo que luchar. Hoy aquellos adolescentes, ya crecidos, desprecian ese cine, los vecinos de Chueca se quejan continuamente del ruido del barrio y para la sociedad Española esas sencillas historias de normalización están superadas, aunque en realidad no lo estén. España está en otro momento, pero hay otros países que aún tienen que pasar ese momento de euforia.

‘Azul y no tan rosa’ es el equivalente en Venezuela a ese cine de los 90, como el propio director dijo en los Goya, “en Venezuela hay toda una sociedad que tiene urgencia de que se muestre y normalice su historia”. No faltan, por ello los tópicos de este tipo de películas: el toque Almodovariano, el gay de profesión liberal, las mariliendres que sufren por el macho hetero, la familia que no quiere reconocer que su hijo sea gay y la transexual graciosa, Delirio del Rio, el gran personaje de la película que interpreta la ex mis Venezuela Hilda Abrahamz, que tiene la valentía de utilizar su cara mega operada para interpretar a un transexual que debe mucho a la Agrado o a varios personajes de Almodovar.

Por lo demás es una película entretenida, que hay que ver libre de cinismo y siempre contextualizándola, que puede ser muy necesaria para Venezuela y quizás también para España, para que se le recuerde que hubo un tiempo en que se creía que las cosas podían ir a mejor.

LO MEJOR: Hilda Abrahamz.
LO PEOR: Que caiga en todos los tópicos de cine gay.
TE GUSTARÁ SI… Te gustaron películas como ‘El hada ignorante’ y demás clásicos gays noventeros.

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