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Música

MIRA 2025: crecer sin perder el norte

MIRA FESTIVAL

Barcelona sigue siendo el sitio donde pasan las cosas cuando hablamos de vanguardia electrónica, y MIRA lo volvió a demostrar el 7 y 8 de noviembre. El festival, que lleva en marcha desde 2011, celebraba su 14ª edición y su tercer año consecutivo en Fira Montjuïc, ahora con un escenario nuevo, Landscapes, que se sumaba a DICE y Voll-Damm. Más metros, más cartel (36 propuestas musicales y 26 de arte digital en dos días) y más gente: cerca de 14.000 asistentes según la organización. Y ahí está la primera conversación que sobrevoló el fin de semana: ¿cuánto se puede crecer sin que cambie lo que hacía especial a esto?

Un recinto que no te trata como ganado

Quien conozca la Fira por Sónar notará enseguida que MIRA es otra cosa. Se parece más a la vertiente conceptual del LEV de Gijón, con ese peso de las instalaciones y el arte multimedia, cruzada con la cara menos fiestera del festival que hoy pertenece a Superstruct. Las instalaciones se concentraban en un gran espacio a la entrada, justo en el cruce entre escenarios, lo que invitaba a pararse a mirar entre concierto y concierto. Quizá cabía esperar algo más envolvente al llegar, pero a lo largo de las jornadas hubo cosas muy interesantes que ver, y fuera había además una experiencia sonora y visual bastante inmersiva.

Lo logístico merece capítulo aparte, porque marca diferencias. El viernes hubo cola larga para entrar, la lógica con los controles de acceso; el sábado, en cambio, la entrada fue rápida y con buen trato. Se podía pagar con tarjeta, sin sistemas de tokens que te dejan saldo muerto, y se permitía entrar con un bocadillo y agua, un detalle casi exótico hoy en día. Los foodtrucks eran pocos pero variados (pizza, asiático, hamburguesas) y los precios, razonables: cerveza a 4 o 4,5 € y combinados a 8 u 8,5 €. Los baños interiores acumulaban colas y compensaba salir a los portátiles de fuera.

Y luego está el público, que es medio festival. Gente que sabía a qué iba, qué live quería ver y qué temas esperaba. No faltaron los que charlan a voces en los momentos más delicados ni los que van a otra cosa, pero el tono general era de respeto y conexión con lo que pasaba en el escenario. Eso se contagia.

El sonido, la asignatura pendiente

Si hubo un punto flaco, fue el sonido: notable o incluso brillante en algunas actuaciones, flojo en otras. El viernes arrancó con un Voll-Damm sorprendentemente bajo de volumen durante el cierre de Ali Sheti y Nicolas Jaar, que se despidió con la instrumental de ‘Mi Mujer’ sin la contundencia que pedía el momento. Peor lo tuvo John Maus en Landscapes: mezcla desequilibrada y voz casi inaudible, algo que deslució un directo por lo demás fiel a su estilo, con ese trance repetitivo, el micro pegado al pecho y temas como ‘Came & Got’ o ‘Just Wait Til Next Year’. Ese escenario fue mejorando con las horas.

Viernes: de Byetone a la cumbia

Byetone ofreció quizá la actuación más MIRA de la noche. Empezó contenido y bajo de volumen hasta que él mismo pidió más potencia; a partir de ahí el live creció del minimal al electro con unos visuales hipnóticos. En DICE, Gábor Lázár se movió entre el IDM y el deconstructed club en uno de los directos más experimentales del día, y de paso confirmó que ese escenario sonaba bien. aya+MFO apostaron por la oscuridad: humo, voz distorsionada, texturas abstractas y una puesta en escena muy trabajada.

Floating Points fue el imán de la jornada, hasta el punto de concentrar una multitud que hacía difícil siquiera acercarse. Mientras, a pocos metros, Puntalaberinto desplegaba un live ambient ante una veintena de personas al principio. Ahí asomó otra de las preguntas del fin de semana: el peso de los grandes nombres frente a todo lo que el festival ofrece alrededor.

El cierre del viernes fue para Lechuga Zafiro & Verraco con Hyperverbena, un set arriesgado y ejecutado con precisión que mezcló drum & bass, latin club, acid, techno y cumbia, con la que terminaron. Sonido por fin a la altura y unos visuales potentes que cruzaban contenido político y social con cultura pop, memes de TikTok, Maradona y Thatcher incluidos. El gran momento de baile del día.

Sábado: emociones, dudas y mucho techno

Erika de Casier abrió el plato fuerte a las 19:45 con una hora de repaso a temas como ‘Delusional’, ‘Little Bit’ o ‘Bikini’, su colaboración con Nick León. El sonido volvió a quedarse corto, pero fue de lo mejor del festival por pura calidad musical. Después, la mitad de Amnesia Scanner se alió con el artista visual Freeka Tet para un directo de glitch, saturación y voces distorsionadas, entre lo pop y lo gutural, con humo y visuales psicodélicos. Desconcertante a ratos, en el buen sentido, aunque el formato de concierto clásico, con sus pausas entre temas, cortaba el viaje cuando más arriba estaba.

Oneohtrix Point Never, de vuelta en Barcelona tras su paso por Sónar en 2023, firmó el concierto más emotivo del fin de semana, con mucha atención a su inminente ‘Tranquilizer’ y de nuevo con Freeka Tet en los visuales, esta vez en perfecta sintonía. Solo lo empañaron los que no paraban de hablar. Flying Lotus llegaba con muchas expectativas y dio un live sólido, lleno de breaks, jazz y hip hop, aunque con altibajos: un momento house prescindible y algún arrebato de protagonismo micro en mano. Pero es Flying Lotus, y el público lo disfrutó.

Blawan, con visuales de la artista local Laia Ferran, dejó sensaciones agridulces. Su directo, denso y burbujeante, pareció pensado para una sala pequeña y se diluyó en el gran pabellón, aunque al final remontó y enseñó su versión más bruta. Marie Davidson dividió opiniones: a quien no le van los ritmos industriales y machacones se le pudo hacer largo, pero su cierre fue de los más celebrados, entregada a la pista, buscando al público y rematando con ‘Work It’.

La noche terminó con dos sesiones en las que, ahora sí, la presión sonora estuvo donde tenía que estar. En DICE, Claudio Baldman, añadido por sorpresa esa misma tarde, se metió al público en el bolsillo con dos horas de techno hipnótico, minimalista y con poso dub, con ‘Function 4’ de Planetary Assault Systems entre lo más coreado, pese a confesar que el USB que llevaba no estaba precisamente actualizado. Y en Landscapes, Aurora Halal tuvo tres horas para montar un viaje de techno, progressive, trance y hard groove, con ‘Orbit Reflex’ de Framboisier, el ‘Pontapé Remake 2013’ de Renato Cohen o ‘West On 27th’ de Killahurtz, y un cierre con ‘Dark and Long (Dark Train)’ de Underworld que fue ovación. Darle el final a ella en el escenario más íntimo fue todo un acierto.

Balance

MIRA no vende humo: lo que anuncia es lo que te encuentras. Bien organizado, cuidado en los detalles y con un público que suma. Le quedan deberes con el sonido, con el equilibrio entre la programación más cerebral de la tarde y la más bailable de la noche, y con la gestión de un crecimiento que algunos veteranos ya notan. Pero el saldo es claramente positivo: notable alto, rozando el 8. Y con ganas de ver qué hace en 2026.

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