Quantcast
Connect with us

Música

Ana Kiro, la diva gallega que vendió más que nadie cantando en gallego

Un documental rescata a la artista que conmovió a más gallegos en el mundo y superó en ventas a todos cantando en su lengua.

Ana Kiro, la diva gallega que vendió más que nadie cantando en gallego
Un documental rescata a la artista que conmovió a más gallegos en el mundo y superó en ventas a todos cantando en su lengua.

Tenía una nariz digna de un catálogo de cirujano, ojos brillantes como el cristal de roca y una voz limpia y luminosa. También cargaba con fama de pachanguera en ciertos ambientes culturales. Ahora, un documental se pregunta si los marcos que separan la cultura popular de los gustos de la élite son indelebles o si hay hueco para la diva de las verbenas en el Olimpo.

Kiro, el largometraje dirigido por la lucense María Yáñez, revisa la importancia de una artista que en tres décadas lanzó casi 40 álbumes y despachó cientos de miles de copias. Ana Kiro compaginó sus conciertos en palcos de pueblo con galas de televisión y actuaciones en Inglaterra, Alemania, Francia, Suiza y numerosos destinos de la emigración latinoamericana. El filme, premiado por el público en el Ourense Film Festival, llegará a las salas el 11 de diciembre.

Poca broma con los números: en los años 70, la coruñesa Ana Kiro —nombre artístico de María Dolores Casanova González, nacida en Arzúa en 1942 y fallecida en Oleiros en 2010— aparecía por encima de Marisol y Cecilia como la solista femenina que más arrasaba. El sello Belter la fichó para convertirla en chica yeyé cuando empezaba a despuntar cantando en castellano. Trabajó en Barcelona con Mary Santpere y fue cantante fija de las Galas del Sábado de TVE. La apodaban Miss Bronce porque en los certámenes de la canción nacionales e internacionales siempre conquistaba el tercer puesto.

Pero un día, en pleno franquismo, Kiro —hija de guardia civil, criada en una casa cuartel de Barcelona— dio un paso al frente: pidió a la discográfica incluir una canción en gallego. Convencidos de que sería un desastre, en 1973 publicaron Galicia, terra meiga. En dos semanas se despacharon 100.000 casetes. Eran los tiempos en que la música se compraba en las gasolineras y llenaba la guantera del 127. Los taxistas de Barcelona, entonces más de la mitad gallegos, «la hicieron viral», según explica la directora.

«Creo que cantar en gallego es lo más importante de mi vida artística», reflexionaba la propia Kiro en una entrevista que recoge el documental. «En aquel tiempo no se podía casi ni hablar.» Solo tres años después, sus giras ya cruzaban el Atlántico. Escaló por encima de Julio Iglesias en el top musical del momento y arrebató en Caracas a Manolo Escobar el récord de público en un concierto que hasta entonces ostentaba el almeriense.

En la película, Yáñez pone frente a la cámara a fans incondicionales que siguen cultivando sus altares particulares: coleccionistas que conjugan el verbo «anakirar»; vecinas de Chandrexa de Queixa que luchan contra los molinos con la imagen de Kiro por bandera; músicos actuales que la revisitan; drags que le rinden homenaje; emigrantes que aún la cantan; señoras que llevan su mismo corte de pelo; o jóvenes que proclaman que fue «nuestra Taylor Swift». En el filme participan su viudo, Carlos Rivero, así como la hija y los nietos de la cantante.

«Yo también la comparo con Dolly Parton y con otras muchas, porque divas… cada pueblo, cada cultura, tiene la suya», comenta Yáñez, pero «la singularidad de Kiro es que fue la diva de una cultura marcada por la emigración y en una lengua minorizada». La directora destaca que fue «una mujer empoderada» que se subía a cualquier escenario de pueblo vestida con plumas y lentejuelas, como había aprendido en el music hall de Santpere. Así pasó «de ser la chica de bronce en la lengua hegemónica a ser la chica de oro en la lengua subalterna».

En 1982 se instaló definitivamente en Galicia. Hacía cien conciertos al año, recibía a la gente en su caravana y todo el mundo le regalaba huevos y verduras. «Era una pop star con radar para detectar lo que le gustaba a la gente», describe la directora, y así, entre marabú, pieles y brillos, «nos reconciliaba con nuestros complejos de país… transformaba en orgullo todo lo que nos daba vergüenza».

A finales de los 90 dio el salto a la televisión autonómica como presentadora de programas, y en ese nuevo hábitat volvió a arrasar. Tuvo que dejarlo todo para luchar contra un cáncer de ovario desde 2006. «La veían como una populachera, ha habido mucho desprecio», reprocha en el documental su hija, Carmen Quiroga, que al mismo tiempo reivindica el progresismo de su madre en muchos aspectos. El filme aspira a ser «una película de Navidad»: «igual que los padres llevan a los niños al cine, quiero que los nietos lleven esta vez a los abuelos», desea la realizadora.

Connect