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Música

Sónar 2026 anuncia un cambio de era: todo el festival en un único recinto

noviembre2025

Si algo ha definido al Sónar desde su fundación en 1994, ha sido su capacidad para evolucionar sin renunciar a lo que le hace reconocible. Y el anuncio que acaba de publicar la organización del festival confirma que la 33ª edición, programada para los días 18, 19 y 20 de junio de 2026, será una de las transformaciones más profundas de su historia reciente. Por primera vez, toda la programación musical —Sónar de Día y Sónar de Noche— se concentrará en un único espacio: Fira Barcelona Gran Via, en L’Hospitalet de Llobregat. Adiós a los desplazamientos entre Montjuïc y la Fira. Adiós a las dos sedes que, durante décadas, habían articulado la experiencia del festival en dos tiempos y dos atmósferas diferenciadas.

El cambio no es cosmético. Estamos hablando de un rediseño completo del recorrido festivalero: seis escenarios, tres exteriores y tres interiores, pensados para que las transiciones entre el día y la noche sean fluidas, sin rupturas bruscas ni desplazamientos obligatorios en metro. SonarClub, SonarLab, SonarCar y el nuevo SonarVillage by Estrella Damm —que ocupará el lugar que antes se repartían SonarPub y el antiguo Village— articulan el mapa sonoro del recinto, junto a un SonarPark ampliado y un SonarHall renovado que, según confirma la organización, funcionará tanto como sala de conciertos como club nocturno, con programación hasta las 5 de la madrugada tras el cierre de los shows en vivo el viernes y el sábado.

El objetivo, explican desde la dirección del festival, es “permitir al público moverse con libertad, sin tener que elegir entre escenarios por limitaciones de tiempo o logística”. Traducido: más horas efectivas de festival, menos tiempos muertos, y una experiencia que se parece más a un ecosistema abierto que a dos eventos conectados por un autobús.

Sónar+D se muda al centro: bienvenidos a la Llotja de Mar

El congreso Sónar+D, que desde 2012 ha funcionado como la columna vertebral conceptual del festival, también cambia de piel. Por primera vez abandonará el recinto de la Fira para instalarse en la Llotja de Mar, en pleno Port Vell, justo en el corazón de Barcelona. Los días 18 y 19 de junio, ese espacio histórico acogerá charlas, instalaciones, talleres y presentaciones en torno a creatividad, tecnología e innovación. Es un gesto cargado de simbolismo: sacar el pensamiento tecnológico del recinto ferial y llevarlo al centro de la ciudad, haciéndolo más accesible, más permeable, menos circunscrito al público estrictamente festivalero.

La organización ha confirmado que el 2-Day Ticket de Sónar+D ya está a la venta por 25 euros, con acceso a ambos días. Quien haya comprado un SonarPass+D tendrá incluido el acceso a la Llotja sin coste adicional.

El primer avance de cartel: nombres que marcan territorio

Con el formato renovado sobre la mesa, el festival ha desvelado la primera tanda de artistas confirmados. Y no son nombres de relleno. Estamos ante un lineup que refleja, con bastante precisión, la ambición editorial del Sónar: cruzar tradiciones, generaciones y geografías sin renunciar a la coherencia sonora.

Kelis encabeza el anuncio. No es casualidad. La cantante estadounidense, icono del R&B y el neo-soul desde principios de los 2000, ha redefinido en los últimos años su relación con la pista de baile, trabajando con productores del circuito house y llevando sus clásicos (“Milkshake”, “Trick Me”) a formatos que funcionan tanto en un concierto como en un club a las cuatro de la mañana. Es el tipo de fichaje que el Sónar sabe firmar bien: no un revival nostálgico, sino una artista que sigue empujando su propio sonido hacia adelante.

Skepta, otra de las grandes incorporaciones, representa la vertiente grime del cartel. El MC británico, ganador de un Mercury Prize y uno de los arquitectos del sonido urbano londinense de la última década, aterriza en el festival en un momento en el que el grime ha dejado de ser un fenómeno local para convertirse en lenguaje global. Su presencia garantiza una de esas actuaciones donde el hip-hop, el bass y la electrónica se cruzan sin pedir permiso.

Del lado del techno más contundente llegan Charlotte de Witte y Amelie Lens, dos nombres que han redefinido la escena belga y europea en los últimos años. De Witte, con su techno oscuro, industrial y sin concesiones, y Lens, con su propuesta más melódica pero igualmente devastadora en pista, representan dos caras complementarias de la electrónica de club contemporánea. Ambas llevan años siendo residencias casi obligatorias en los grandes festivales europeos, y su confirmación en el Sónar cierra una deuda pendiente.

Modeselektor, el dúo berlinés fundador del sello Monkeytown Records, vuelve al festival con un directo completamente renovado. Han sido, durante dos décadas, una de las formaciones más influyentes de la electrónica de vanguardia europea, con un sonido que transita entre el IDM, el dubstep, el breakbeat y el techno sin asentarse nunca del todo en ninguna etiqueta. Su regreso al Sónar siempre es noticia.

Y luego está Cabaret Voltaire, la leyenda de Sheffield nacida en 1973 y considerada una de las formaciones fundacionales de la electrónica experimental en el Reino Unido. Su trayectoria —del post-punk y el synth-pop al techno, pasando por el industrial y el acid house— es un mapa sonoro de cuatro décadas de ruptura. Verlos en el Sónar es un ejercicio de memoria histórica en vivo.

Completan este primer avance nombres como Nia Archives, figura emergente del jungle y el drum’n’bass británico; Julianna Barwick & Mary Lattimore, colaboración ambient entre dos maestras del sintetizador modular y el arpa respectivamente; WhoMadeWho, el trío danés que lleva años empujando los límites del pop electrónico experimental; Ascendant Vierge, proyecto francés de electrónica oscura y envolvente; y 30drop, la propuesta audiovisual inmersiva que combina música generativa con visuales algorítmicos.

Del lado del house y el techno más ortodoxo llegan Chris Stussy, neerlandés convertido en nombre clave del house internacional; Joy Orbison, productor británico con un pie en el dubstep y otro en el garage; Boys Noize, alemán todavía capaz de incendiar cualquier pista; Kettama, irlandés especializado en el techno percusivo y el rave de alta velocidad; Gerd Janson, alemán residente de Running Back y uno de los DJs más respetados del circuito europeo; Marcel Dettmann, berlinés de Berghain y sinónimo de techno sin fisuras; y Sammy Virgi, también británico, maestro del UK garage y el breakbeat contemporáneo.

También se confirman nombres de la escena barcelonesa y española: DJ Aya, Roni, Alba Franch, La Sofy, Clementaum b2b Laza, Funk Tribu, DJ Gigola, Colleen Murphy, ISA, DJ Maria y Ogazón. Es el tipo de apuesta local que el Sónar siempre ha defendido: no como relleno de cartel, sino como parte estructural de su identidad.

Lo que viene

Este es solo el primer avance. El festival ha confirmado que se anunciarán más nombres en los próximos meses, y que el cartel final superará las 100 actuaciones repartidas entre los tres días. Los abonos SonarPass y SonarPass+D ya están a la venta sin incremento de precio respecto a la edición anterior, y otras modalidades de entradas saldrán próximamente.

Quedan siete meses. Tiempo suficiente para que el festival complete el puzzle y, sobre todo, para ver si esta concentración en un único recinto refuerza o diluye la experiencia. En teoría, todo apunta a una edición más cohesionada, con menos fricción logística y más margen para la sorpresa. Sobre el papel, funciona. Ahora habrá que verlo en la Fira.

Lo que está claro es que el Sónar no se conforma con repetir. Después de treinta y dos ediciones, sigue moviéndose. Y, por el momento, en la dirección correcta.

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