En los últimos años se ha vuelto algo habitual encontrar a un artista de country encabezando las listas de éxitos globales. Desde Morgan Wallen hasta Ella Langley, Nashville ha dejado de ser un nicho para convertirse en el epicentro de la música popular. Y ese éxito no ha pasado desapercibido: grandes grupos como Capitol Music Group, Interscope Geffen A&M o Atlantic Music Group han abierto o relanzado divisiones específicas en la ciudad en el último año.
En medio de ese boom, Seth England, consejero delegado de Big Loud —sello, gestora y editora musical a la vez—, se ha consolidado como uno de los ejecutivos más influyentes del sector. La compañía, de pura cepa nashvilleña, ha construido las carreras de artistas como Wallen, HARDY, Ernest o Florida Georgia Line, y England lleva años anticipándose a las tendencias, desde la apuesta temprana por el streaming hasta la era del contenido en formato corto.
En una entrevista reciente, England reflexionó sobre cómo ha cambiado la industria musical de Nashville y por qué cree que el country no va a perder fuelle en los próximos años. Uno de los temas más interesantes que abordó fue la relación creativa con Morgan Wallen, a quien el propio artista le atribuye «uno de los mejores oídos del negocio». England convenció a Wallen de grabar Thinkin’ Bout Me, una canción que acabó llegando al número uno en el Country Airplay. «Él pregunta: ‘¿Seguimos en forma? ¿Estamos siendo realmente buenos?’», explicó England. «Eso de hablar de ser grandes en lugar de simplemente buenos… sé que suena a tópico, pero hay una diferencia, y él lo sabe».
Sobre los álbumes de más de treinta canciones que caracteriza a Wallen, England fue claro: no responde a una estrategia comercial fría, sino a que el artista recibía tantas maquetas brillantes —sumadas a su propia escritura, cada vez más inspirada— que resultaba imposible descartar material de calidad. «¿Lo hacemos con exactitud científica? No, probablemente no», admitió. «Pero al final miramos atrás y decimos: ‘Vaya, ha hecho algo por lo que merece la pena escuchar hasta el final’».
England también defendió el modelo de Big Loud como empresa que asume varios roles a la vez —gestión, sello y editorial— sin que eso suponga un conflicto de intereses. «No cobro dos veces. Soy su socio», subrayó. Explicó que comenzó a gestionar a Wallen cuando el artista atravesó una etapa complicada con otros representantes, y que ya tenían una relación consolidada como sello y editorial. Su objetivo declarado: que los artistas ganen más dinero trabajando con él que si tuvieran a distintas personas en cada uno de esos roles.
En cuanto al papel de la radio y las plataformas de streaming, England señaló un cambio significativo: las listas editoriales de Spotify ya no rompen artistas como antes. En el caso de Dexter and the Moonrocks, un grupo de rock de su catálogo, las grandes playlists editoriales representan apenas el cinco por ciento de los streams; el resto llega de la audiencia activa. «Una reproducción en una playlist no significa que vayas a convertir a alguien en fan. De hecho, puede demostrar rápidamente que no lo vas a conseguir», apuntó.
Sobre el futuro del género, England lanzó una reflexión interesante: el country tiene el porcentaje más alto de oyentes que buscan la música activamente, en lugar de dejarse llevar por el algoritmo. Eso, según él, genera una fidelidad difícil de ver en otros géneros. Y mencionó un «as en la manga» que podría revolucionar la escena: la eventual llegada a todas las plataformas digitales del catálogo de Garth Brooks, cuya música actualmente no está disponible en los servicios de streaming principales. «Creo que habría un momento brutal, que cambiaría el género durante tres o cuatro años», afirmó. «Es una carta todavía sin jugar».
Su conclusión fue rotunda: «El country va a seguir siendo fuerte durante la próxima década».