Hugh Jackman cantó una parodia de Sweet Caroline de Neil Diamond. Bette Midler reescribió con letra satírica Wind Beneath My Wings. John Lithgow compuso y recitó un poema titulado The Mighty Colbert. Jake Tapper llegó con un cuadro que retrataba a Colbert como Gollum de El Señor de los Anillos. Y Jimmy Fallon ofreció su propia versión de My Way de Sinatra: «And now the end is near / And so you face the final curtain / But Trump, he made it clear / He wants you gone / Of that we’re certain».
Un desfile de celebridades ha peregrinado al Ed Sullivan Theatre de Nueva York durante los últimos meses para sumarse a una larga despedida del Late Show with Stephen Colbert de CBS. El 21 de mayo se apagan definitivamente las luces de un programa que ha sido mucho más que entretenimiento nocturno: una voz que millones de espectadores utilizaban como antídoto diario frente al caos del trumpismo.
Colbert, de 62 años, supo ofrecer cada noche lo que su audiencia necesitaba: la confirmación de que no estaban volviéndose locos, sino que era el mundo el que se había desquiciado. Frente a la vanidad de Trump, irreverencia; frente al narcisismo, empatía; frente a la indecencia, una honestidad casi anacrónica.
Cuando CBS anunció en julio del año pasado la cancelación del programa, las sospechas no tardaron en aflorar. La decisión llegó apenas tres días después de que Colbert dedicara su monólogo a ridiculizar sin piedad un acuerdo judicial de 16 millones de dólares entre la matriz de CBS, Paramount, y Trump. Y solo una semana antes de que la fusión de Paramount con Skydance por 8.000 millones de dólares recibiera el visto bueno de los reguladores federales. CBS insistió en que fue «una decisión puramente financiera». David Letterman, su predecesor en el programa, no se lo cree: «Voy a dejar constancia de esto: están mintiendo. Son unos miserables mentirosos».
El camino de Colbert al éxito no fue sencillo. Cuando tomó el relevo de Letterman en 2015, tras nueve años encarnando a un energúmeno derechista en The Colbert Report, los primeros pasos fueron torpes. Según relata el crítico televisivo Bill Carter, autor de varios libros sobre la televisión americana, la dirección de la cadena llegó a darle un ultimátum: o el programa funcionaba o había consecuencias. Fue la llegada del productor Chris Licht, procedente del mundo informativo, la que lo cambió todo: Colbert dejó de intentar ser un presentador convencional y abrazó su instinto satírico.
El otro gran catalizador fue, paradójicamente, Donald Trump. Cada noche, Colbert convertía el monólogo en una pequeña radiografía del estado de la nación: cáustica, afilada, ingeniosa y, en el fondo, esperanzadora. Su imitación de Trump se convirtió en marca de la casa, y los historiadores del futuro que intenten comprender esta época harán bien en revisarlos.
Pero Colbert no era solo sátira. Había algo más difícil de conseguir: una brújula moral. Las entrevistas en profundidad, las referencias a su fe católica, los momentos de ternura con su mujer Evie McGee Colbert o aquella conversación con Joe Biden sobre el duelo y la pérdida dejaron una huella que va más allá del humor. Colbert perdió a su padre y a dos hermanos en un accidente de aviación cuando tenía 10 años, y esa experiencia dotó a su trabajo de una honestidad emocional poco habitual en el género.
El escritor y exasesor de Obama David Litt lo resume así: «No solo ha sido una voz satírica importante, sino también una voz moral. Hablamos de tiempos poco amables, y Colbert siempre tuvo un punto de vista claro, pero también parecía tener una bondad fundamental. Tenía una capacidad única para ser humano».
Nada de eso bastó para salvarlo. La respuesta de Trump a la cancelación fue inmediata y vengativa: en su red social Truth Social proclamó que «absolutamente» le encantaba que Colbert hubiera sido despedido y que su talento era «incluso menor que sus audiencias». El Late Show será sustituido por Comics Unleashed, un programa de variedades con cómicos de pie presentado por Byron Allen, una apuesta que muchos analistas interpretan como una retirada en toda regla de las grandes cadenas del formato de la noche tardía.
En cuanto al futuro de Colbert, las especulaciones apuntan a un posible salto al cable o a plataformas como HBO. También está trabajando en un guion para Warner Bros. relacionado con El Señor de los Anillos. Y en una reciente entrevista grabada en el centro presidencial de Barack Obama en Chicago, el expresidente dejó caer que Colbert podría hacerlo «significativamente mejor que algunas de las personas que hemos visto» en la Casa Blanca. Aunque Obama aclaró que no era un respaldo oficial.