Hay afirmaciones que uno hace con total convicción aunque impliquen cierto riesgo de gafe: Ashley Padilla será recordada como una de las mejores integrantes de la historia de Saturday Night Live. Su último sketch no hace más que reforzar esa certeza.
El episodio presentado por Olivia Rodrigo dejó varios momentos para el recuerdo, pero el número titulado My Ex se coronó como la pieza más celebrada de la noche. En él, Rodrigo acude a la fiesta de cumpleaños de Marcello Hernandez, donde la situación se complica por la presencia de su ex, interpretado por Ben Marshall. Para capear el momento, Tommy Brennan se presta a fingir que es su pareja con una calma pasmosa. Marshall, sin querer quedarse atrás, le pide a Padilla que haga lo mismo con él. Y ahí es donde todo se desmadra, a la manera clásica de Padilla.
El personaje que construye tiene una energía inconfundible: la del adolescente de teatro que lleva años sin subirse a un escenario y aprovecha cualquier excusa para volver a actuar. Padilla se lanza al engaño de Marshall como si le acabaran de ofrecer el papel protagonista de una función de teatro comunitario, con un entusiasmo que resulta tan desmedido como absolutamente creíble. En cuestión de segundos ya está haciendo las cosas raras, preguntando con toda la seriedad del mundo si importa que ella haya tenido un hijo. A partir de ahí, cada situación la lleva un paso más allá de lo necesario, convirtiendo una discreta farsa en un espectáculo involuntario.
Ben Marshall, por su parte, demuestra una vez más que lleva años perfeccionando el arte de ser el hombre serio en medio del caos. Su trayectoria previa le ha preparado a la perfección para ejercer de contrapunto en sketches como este, y esa dinámica funciona especialmente bien cuando tiene a Padilla al otro lado.
Uno de los grandes talentos de Padilla es el control milimétrico sobre sus expresiones faciales. Es capaz de transformar su cara con tanta precisión que en algunos momentos parece casi otra persona, llegando a una gestualidad casi de dibujo animado que, sin embargo, nunca resulta forzada. Sabe exactamente cuándo recurrir a ese registro y cuándo contenerse, y esa conciencia es lo que distingue a los cómicos de verdad.
El sketch incluye además uno de esos instantes que los fans del programa adoran: Padilla está a punto de romper a reír. Tras varios momentos en los que Marshall lucha visiblemente por no desternillarse, ella se levanta para hacer una proclamación solemne ante los presentes, unos purés de patata resbalan de su cara y caen en su bebida, y consigue reprimir la carcajada con una profesionalidad admirable. Es un detalle pequeño, pero dice mucho de su instinto cómico.
Antes de que el número llegue a su fin, hay incluso un breve cruce con Kenan Thompson, toda una leyenda del programa. Resulta llamativo pensar que Padilla todavía está en una fase relativamente temprana de su etapa en SNL. Queda mucho por ver, y todo apunta a que lo mejor está aún por llegar.