Hay portadas de discos que son obras de arte. Y luego están las otras: las que te dejan sin palabras, te arrancan una carcajada o simplemente te hacen preguntarte qué estaba pensando quien las aprobó. Una exposición itinerante dedicada precisamente a esas joyas del mal gusto lleva ya varios años recorriendo galerías y festivales del Reino Unido, y sigue creciendo.
Todo empezó con un conejo. Más concretamente, con el álbum Roadstar (1979), de la banda californiana Peter Rabbitt, cuya portada muestra a los cinco miembros del grupo con sus caras pegadas sobre cuerpos de conejo. El cantante JT Thompson aparece sonriendo desde dentro de una chistera, como una pesadilla animada. «No teníamos ni idea de que iban a hacer eso», ha contado Thompson, de 74 años y residente en San Diego. «De hecho, salió después de que nos separáramos.»
Esa portada fue el punto de partida para Steve Goldman, el comisario de la muestra. La compró hace cuarenta años por diez peniques, simplemente porque le pareció espantosa. «Me hizo reír… fue un ataque de histeria», recuerda. Con el tiempo perdió el disco, pero nunca lo olvidó, y cuando llegó internet logró rastrear otra copia. «Cuando llegó a casa fue uno de los momentos más felices de mi vida», dice. Esa misma noche anunció a su familia que iba a empezar a coleccionar portadas de LP horribles.
Su criterio de selección es tan sencillo como eficaz: si le hace reír, lo colecciona. El resultado es una colección de varios centenares de carátulas que ahora puede verse en el Mansfield Museum de Nottinghamshire, con Thompson como invitado de honor en la inauguración. Más adelante, la exposición llegará al Festival Fringe de Edimburgo, en el Assembly Rooms Studios Bar de George Square.
Entre las piezas expuestas hay auténticas perlas: Oil and Vinegar, de Dave McKenna y The Wilbur Little Quarter, con una pareja desnuda y un uso perturbador —y posiblemente erótico— de lo que parece ser una acelga; Songs for Gay Dogs, de Paddy Roberts; o Kris Jensen Sings: Torture. También llama la atención All My Friends Are Dead, de Freddie Gage, un evangelista bautista del sur de Estados Unidos que aparece de rodillas ante una tumba. «Es el álbum más caro que he comprado, ciento diez libras, pero vale cada penique», asegura Goldman.
La mayoría de las portadas proceden de los años setenta y ochenta, pero el mal gusto no ha caducado. Goldman destaca el disco Handgemeng, del grupo noruego Satanic Panic Attack, en el que los cinco integrantes aparecen desnudos abrazándose con gesto sombrío sobre una alfombra. «Simplemente dan risa», dice Goldman entre carcajadas.
Dado que el Mansfield Museum recibe muchos visitantes infantiles, algunas de las portadas más subidas de tono no estarán expuestas. Se quedan fuera, entre otras, Letzte Naach, del cantante de folk alemán Kingsize Dick, y Let Me Touch Him, del Minister’s Quartet.
Thompson, que visitó la muestra el viernes, reconoció entre las carátulas a algunos viejos conocidos: Dee Snider, de Twisted Sister, a punto de hincarle el diente a un hueso de vaca, o un Ted Nugent casi desnudo con brazos de guitarra estilo Terminator. «Era un tipo salvaje», recuerda Thompson sobre Nugent. «De esos con los que nunca sabías qué iba a pasar.»
Los visitantes podrán votar por su portada favorita —o peor, según se mire— y participar en una encuesta sobre carátulas más divisivas, como la de Lovesexy de Prince, en la que el artista aparece recostado desnudo sobre un lirio gigante, pensativo. ¿Horrible o genial? Goldman espera que la gente se lo pase bien debatiendo. Su momento favorito durante las exposiciones es observar las reacciones del público. Que rían, básicamente. Como aquella amiga suya que vio la portada de The Nimble Fingers of Jean Pierre Jumez, un guitarrista de concierto en esmoquin pero sin pantalones. «Rió más de lo que la había visto reír en su vida», cuenta Goldman. «Y todavía no sabemos por qué no llevaba pantalones.»