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Música

David Rodríguez regresa con ‘Máximo’, el disco más madrileño de La Estrella de David

Tras siete años y medio de espera, La Estrella de David publica ‘Máximo’, un álbum que rompe con su línea estilística habitual apostando por un sonido más rock y menos lo-fi, con Madrid como telón de fondo emocional.

David Rodríguez regresa con 'Máximo', el disco más madrileño de La Estrella de David

Han pasado siete años y medio desde Consagración, y David Rodríguez regresa con La Estrella de David para presentar Máximo, un disco que supone un punto de inflexión en su carrera. Esta vez de la mano de Sonido Muchacho, el músico catalán abandona deliberadamente la línea estilística que había mantenido desde sus inicios.

Si Consagración era la evolución natural de Maracaibo (2011) y este, a su vez, de La Estrella de David (2007), ahora nos encontramos ante una ruptura consciente. La producción es más pulida, el sonido más rock y menos lo-fi, alejándose de ese pop que le situaba entre New Order y el noise que tanto le caracterizaba.

Un cambio de perspectiva emocional y geográfica

El cambio no es solo estético. Las neurosis siguen presentes, pero son menos personalizadas y concretas. David ha pasado de añorar a alguien que se fue a estar con alguien de quien quiere enamorarse sin conseguirlo. Y Madrid aparece mencionado mucho más que el Baix Llobregat o Sant Feliu. Este es, definitivamente, su disco madrileño.

Este lifting tanto lírico como estético hace que el álbum no arranque del todo en las primeras escuchas. Se echan de menos esas sonoridades que tocaban la fibra desde el primer momento, esos hits tan significativos como «Cariño» o «Vejaciones en la costa». A cambio, encontramos una colección más compacta y costumbrista.

Canciones entre la búsqueda del amor y la frustración

Tras una breve introducción instrumental, «Yo quiero enamorarme de ti» funciona como el tema más parecido a un hit del álbum. Una pieza dura, sincopada y rockera, con la voz de David enterrada entre riffs y la batería de Jordi Irizar. El músico canta con el mismo ahínco que las ganas de enamorarse que expresa.

«No me quieras tanto» tiene ecos de The Cure y refleja la frustración de buscar siempre algo más de lo que se tiene sentimentalmente. «Demasiado bien contigo» suena poperilla y alegre, pero no demasiado, con David gritando al final «vete ya de mi cabeza».

Entre el postpunk y el costumbrismo madrileño

A pesar de sonar más animado, Máximo lleva el peso de la edad y el paso del tiempo. «Látigo negro» rompe la progresión del disco con su postpunk épico y oscuro, recordando a «La primera piedra» de Consagración. Cuenta la historia del pastor del pueblo de su padre que se fue a Madrid, con la moraleja «nunca saldrás de pobre si no robas» y el lamento anti-gentrificación: «¿A dónde ir, si siempre vendrá Amancio Ortega a recibirme?».

Las canciones resultan simpáticas en general. «Haciendo el tonto» es una pizpireta canción de pop rock hispánico con dejes de Joe Crepúsculo, mientras que «Nombre provisional» plantea un anhelo de redención a través del amor con guitarras muy británicas de principios de los ochenta.

El regreso del crooner emotivo en el tramo final

Para romper tanta ligereza, en el tramo final irrumpe «Andrés», que devuelve al crooner arrastrado y emotivo que conocemos. Es circular, hermosa y triste: «si no pierdo la cabeza es que no va bien». Un mea culpa donde David admite que añora el dolor y reflexiona «pa qué te voy a querer».

Entre New Order y Los Planetas más sensibles, se desnuda y se desgarra en esta balada sentida y desgarrada, asumiendo totalmente la derrota: «esto no va a ningún lado». La saltarina «Cariño madrileño» (con letra de Luis Troquel) suena extraña después, tan feliz y risueña, aunque es otra de las canciones destacadas.

El cierre llega con el costumbrismo de «Mari Carmen», con referencias a su padre y Manolo Escobar, ruidismo, espíritu pop y coros de Joe Crepúsculo. Hacia el final se dibuja un disco más clásico de La Estrella de David, aunque en general Máximo se queda en un álbum simpático al que le faltan esas debacles emocionales y esos hits que hacen llorar que tanto caracterizaban al proyecto.

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