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Televisión

El adiós de Stephen Colbert: estrellado, agridulce y con McCartney

El Late Show cerró tras más de tres décadas con un especial de 80 minutos lleno de sorpresas, emoción y una actuación de Paul McCartney.

Los finales de los programas de entrevistas nocturnos son, por naturaleza, una rareza. Lo habitual es que el presentador se vaya y el formato continúe con otra cara. Pero CBS tomó la controvertida decisión de cancelar directamente el Late Show, el programa que creó en 1993 para acoger a David Letterman y que, con el tiempo, pasó a manos de Stephen Colbert. El resultado fue una institución televisiva que llegó a convertirse en el programa líder del late night en las cadenas en abierto de Estados Unidos.

Y ahí está la paradoja: el Late Show se despide siendo el número uno de su franja horaria, con ese codiciado espacio de las 11:35 de la noche cedido de inmediato a un programa de relleno sindicalizado. Una rendición sin precedentes en la era del streaming que ha quedado inevitablemente ligada al contexto político del momento, aunque la cadena ha insistido en que la decisión fue puramente financiera. Colbert, que lleva casi un año asimilando la noticia, optó por no gastar su último episodio en reproches y eligió la celebración.

El especial de 80 minutos arrancó con un chiste recurrente: durante la primera media hora, Bryan Cranston, Paul Rudd, Tim Meadows, Tig Notaro y Ryan Reynolds fueron interrumpiendo los sketches habituales del programa, cada uno insinuando que quizás él era el gran invitado final sorpresa. La broma funcionó. El invitado de honor resultó ser Paul McCartney, una elección cargada de simbolismo dado que el Late Show se graba en el histórico Ed Sullivan Theater, el mismo escenario donde McCartney actuó con los Beatles en 1964. La pista estaba ahí desde el principio: el episodio se anunció con el guiño musical «Hello, Goodbye».

Con 83 años, McCartney llegó con nuevo disco bajo el brazo. La entrevista con Colbert fue cálida y entretenida, aunque sin grandes revelaciones: el beatle compartió vagos recuerdos de aquella legendaria actuación en el Sullivan, bromeó sobre las actualizaciones de su iPhone y charlaron sobre el inevitable paso del tiempo. Nada que no fuera la mejor versión del talkshow de siempre, hasta que una serie de interrupciones con una misteriosa luz verde empezaron a colarse en plató.

Ese recurso visual derivó en un portal interdimensional desde el que reaparecieron Jon Stewart y los presentadores del llamado «Strike Force Five»: Jimmy Fallon, Jimmy Kimmel, Seth Meyers y John Oliver. Juntos bromearon sobre el agujero de gusano que estaba a punto de tragarse el programa y reflexionaron, con humor pero con fondo, sobre el modelo televisivo en descomposición y la creciente presión gubernamental sobre los medios. «En algún momento, esto puede llegarnos a todos», apuntaron.

Cuando Colbert se rindió al vacío, reveló cómo quería cerrar su programa: actuando junto a Elvis Costello en una cara B casi desconocida titulada Jump Up. No era un capricho de última hora. En una entrevista de 2012, mucho antes de presentar el Late Show, Colbert ya había hablado de su amor por esa canción, una pieza de sátira política con versos que él relacionaba directamente con su trabajo: «Siempre me gustó esa frase de ‘es una carrera de dos caballos y él cambia de apuesta como si fuera otra marca de cigarrillos’. Hay solo dos opciones y la gente pasa de una a otra como si no importara».

El programa tampoco abandonó del todo su formato. Volvió a McCartney para cerrar con toda la audiencia en el teatro cantando Hello, Goodbye, y en un último fragmento pregrabado, el presentador y el beatle apagaron juntos las luces del estudio.

Al inicio del episodio, Colbert le dijo a su público, tanto en el plató como en casa, que nunca había hecho el programa para ellos, sino con ellos. Ese matiz lo resume todo. Su despedida dolió de verdad, como duele perder el saludo de cada noche.

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