Durante semanas, Adam Driver había evitado hacer cualquier comentario público sobre las acusaciones que Lena Dunham vertía contra él en su exitoso libro de memorias Famesick. Pero en la rueda de prensa del Festival de Cannes correspondiente a Paper Tiger, el actor rompió brevemente ese silencio con una respuesta tan escueta como ingeniosa.
Ante la pregunta directa sobre el relato de Dunham, Driver respondió: «No tengo ningún comentario al respecto, me lo estoy guardando todo para mi libro». La sala estalló en risas.
Famesick, publicado en abril, encabezó la lista de libros más vendidos del New York Times tras su lanzamiento. En él, Dunham narra varias experiencias complicadas durante el rodaje de Girls, la comedia dramática de HBO que se emitió entre 2012 y 2017 y que fue clave en el despegue de la carrera de Driver.
En uno de los pasajes más comentados, Dunham describe un ensayo nocturno en el que olvidó sus líneas. Según escribe, Driver se puso «verbalmente agresivo» y «lanzó una silla contra la pared que tenía al lado», gritándole: «DI ALGO DE UNA PUTA VEZ» y «ESPABILA, ESTOY HARTO DE VERTE AHÍ MIRANDO».
Dunham también relata el rodaje de la primera escena de sexo entre sus personajes, afirmando que la planificación cuidadosa «se fue por la ventana» cuando Driver «me lanzaba de un lado a otro». La autora reconoce que se quedó sin palabras, preguntándose si había perdido la autoridad como directora o no había dado las instrucciones correctas.
Driver, que acumula nominaciones al Óscar por BlacKkKlansman y Marriage Story y se ha convertido en uno de los actores más cotizados de Hollywood, no había respondido públicamente hasta ahora a ninguna de estas afirmaciones.
La atención en Cannes volvió pronto a Paper Tiger, el nuevo filme del director James Gray ambientado en los años ochenta, en el que Driver y Miles Teller interpretan a dos hermanos enredados en un peligroso asunto con la mafia rusa. La película, candidata a la Palma de Oro, también cuenta con Scarlett Johansson en su reparto, aunque la actriz no pudo asistir ni al estreno ni a la rueda de prensa por conflictos de agenda.
Gray aprovechó el evento para lanzar una crítica al capitalismo estadounidense contemporáneo, describiendo el dominio sin freno del mercado como «devastador». «Cuando no puedes monetizar la integridad, cuando ser buena persona no te da dinero, ¿qué ocurre?», preguntó el cineasta. «Obtienes a alguien como el actual presidente estadounidense, que es un síntoma de lo que estoy describiendo, completamente transaccional».
El director situó el arranque de ese proceso en 1986, año en que ambienta el filme, por considerarlo «el inicio del momento en que el mercado se convirtió en Dios».