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Música

Lily Allen defiende su gira de 55 minutos: «No quiero que nadie se sienta estafado»

La cantante responde a las críticas de fans que consideran demasiado cortos y caros sus conciertos de West End Girl.

Lily Allen está en el ojo del huracán. Su gira mundial por el álbum West End Girl —trabajo inspirado en su divorcio del actor David Harbour— está levantando ampollas entre parte del público, que considera que un espectáculo de 55 minutos no justifica los precios de las entradas. En el O2 Arena de Londres, los tickets han rondado las 100 libras, y en la próxima etapa australiana los precios oscilan entre 110 y 400 dólares para los paquetes VIP.

El formato del show es inusual: Allen interpreta íntegramente el álbum de 45 minutos sin dirigir ni una sola palabra al público, sin banda en directo y sin repasar sus éxitos anteriores. En lugar de telonero, la primera mitad del concierto la ocupa un conjunto de cuerda —bautizado como Dallas Minor Trio— que versiona en instrumental sus canciones más conocidas mientras el público canta al estilo karaoke.

Las reseñas negativas no han tardado en aparecer. «Sé que ponía ‘Lily Allen interpreta West End Girl’, pero no decía ‘Lily Allen interpreta SOLO West End Girl’ de forma muy clara», escribió un asistente al primer show del O2 en una valoración de dos estrellas en Ticketmaster. «Me costó 100 libras por entrada para un espectáculo de poco más de una hora, con largos cambios de vestuario y sin hablar en absoluto… Es el concierto más corto y con peor relación calidad-precio al que he ido jamás.»

Otro espectador lo calificó de «decepcionante», aunque reconoció que la actuación fue excelente, y lamentó no haber podido escuchar canciones antiguas: «Si lo hubiera sabido antes, no habría comprado las entradas tan caras.»

La polémica saltó a las redes cuando un periodista compartió su experiencia en X tras el show del domingo en el O2: sin telonero, Allen subió al escenario a las 21:10 y todo había terminado antes de las 22:00, sin una sola palabra al público y con entradas a 86 libras. Aunque reconoció que la actuación fue «brillante», consideró que «no puede ser correcto cobrar tanto por una hora, un domingo por la noche».

Allen respondió directamente. Explicó que el espectáculo siempre ha estado anunciado tal y como es, y que su decisión de no interactuar con el público es una elección artística deliberada: «La cuarta pared ayuda a contar la historia. La mayoría de la gente lo encuentra efectivo», escribió. Sobre su retraso aquella noche, la cantante fue contundente y sin filtros: «Se me engancharon las medias y tuve que cambiarme.»

«No quiero que nadie se sienta estafado», añadió Allen. «Todo el equipo de esta gira está trabajando muy duro para ofrecer el mejor espectáculo posible, y estoy extremadamente orgullosa de él.» El periodista admitió que el show había sido presentado tal como se anunció, pero señaló que la ausencia de cualquier agradecimiento al público «resultó un poco raro». Allen zanjó el intercambio con humor: «Reconozco encantada que soy un poco rara.»

La gira arrancó en recintos íntimos y teatrales en el Reino Unido, pero la demanda hizo que se añadieran fechas en recintos más grandes, incluidos varios estadios. En septiembre el tour llega a Estados Unidos, y en octubre y noviembre recalará en Australia y Nueva Zelanda, donde solo se programan grandes recintos. Mientras tanto, las opiniones siguen divididas: hay quienes han animado a otros a saltarse directamente la primera mitad del espectáculo, y quienes defienden que la propuesta de Allen es precisamente eso, teatro, no un concierto al uso.

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