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Cine

Nueve películas perfectas para ver cuando hace un calor infernal

Desde thrillers eróticos sudorosos hasta distopías climáticas: una selección de cine para sobrevivir a las olas de calor.

Cuando el termómetro se dispara y salir a la calle se convierte en una mala idea, solo queda una opción razonable: quedarse en casa y poner una película. Pero, ¿cuál? Aquí van nueve propuestas que, cada una a su manera, encajan perfectamente con ese ambiente de calor apocalíptico.

Para los que no pueden escapar del calor

Do the Right Thing (Spike Lee, 1989) usa una ola de calor en Brooklyn como olla a presión. Al principio, los vecinos de Bedford-Stuyvesant la aprovechan para relajarse en las escaleras y mojarse con la manguera, pero la tensión va subiendo hasta que todo explota. Un retrato tan vigente hoy como cuando se estrenó.

Body Heat es el noir erótico por excelencia. Lawrence Kasdan ambienta la historia en una Florida tan húmeda y pegajosa que se te mete debajo de la piel. El calor desestabiliza completamente a William Hurt, que cae rendido ante la calculada seducción de Kathleen Turner. Una película casi perfecta, aunque mejor no pensar demasiado en ciertas incomodidades físicas que implica el ambiente.

Ice Cold in Alex puede que sea la mejor película de calor jamás rodada. John Mills lidera una unidad de ambulancias militares durante la Segunda Guerra Mundial cruzando el desierto del norte de África, donde el polvo, el sudor y el agotamiento van haciendo mella en personas y vehículos por igual. El final, con esa cerveza fría que Mills se bebe de un trago al llegar a un pub, es uno de los momentos más satisfactorios de la historia del cine.

Para los que prefieren no pensar en el calor

Fargo es, sí, una historia de violencia brutal que destapa lo peor de una comunidad aparentemente tranquila. Pero lo importante es que transcurre bajo un manto de nieve. ¿Recordáis la nieve? ¿Recordáis lo que es necesitar un jersey?

La cosa (John Carpenter, 1982) es una película de terror que usa la Antártida para multiplicar el miedo y la paranoia. Una criatura indefinible acecha a un grupo de científicos en medio de un páramo helado. Hay semanas en que hasta eso sonaría bien.

Los que se quedan (The Holdovers, Alexander Payne) es una maravilla de película navideña ambientada en el frío invierno de Nueva Inglaterra, con nieve recién caída y aliento visible en el aire. Eso sí, cuidado: es una película tan entrañable y reconfortante que quizás no sea el momento más indicado para verla si ya tenéis suficiente calor.

Para los que quieren ver esto hasta sus últimas consecuencias

Interstellar de Christopher Nolan plantea un futuro en el que el colapso climático ha arrasado con las cosechas y ha llevado a la humanidad al borde de la extinción. Si buscáis una película que funcione como advertencia, esta es la vuestra.

Donde Nolan opta por el optimismo, Hell (Stefan Ruzowitzky, 2011) va mucho más lejos. En esta producción alemana, los supervivientes de una catástrofe climática similar no viajan entre estrellas buscando salvación: conducen por carreteras desiertas en un Volvo desvencijado, compitiendo por agua y recurriendo al canibalismo. Una visión considerablemente menos esperanzadora del fin del mundo.

Por último, El día en que la Tierra se incendió (Val Guest, 1961) es una película británica de catástrofes en la que la proliferación nuclear hace que el planeta abandone su órbita y se dirija hacia el Sol. Técnicamente tiene poco que ver con el cambio climático tal como lo entendemos hoy, pero es muy buena. Y además quedaréis muy bien contándoles a vuestros compañeros de trabajo que os vais a casa a ver una película con ese título.

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