El gran plano de la remodelación de Olympia, el legendario recinto de exposiciones de Londres, lo resume una cascada de escaleras mecánicas y convencionales que ascienden al estilo de un templo azteca hasta una pasarela elevada encajada entre las colosales bóvedas de barril de los pabellones originales. Por encima, una cubierta de cristal plegada como un abanico —una especie de tiara de circonita cúbica entre los diamantes del patrimonio histórico— corona el conjunto con una estética que no deja indiferente a nadie.
Detrás de esa tiara asoma lo que parece un racimo de torres cilíndricas, aunque en realidad son los extremos redondeados de un monumental bloque de oficinas escalonado con vistas privilegiadas sobre Londres, de Wembley a Crystal Palace. Entre sus primeros inquilinos ya se encuentran los equipos de producción mediática de la Premier League, que cuentan incluso con un pequeño campo de fútbol en su amplia terraza.
Olympia lleva décadas engrasando los engranajes del comercio y la cultura londinense, acogiendo eventos tan dispares como Miss Mundo o los Chemical Brothers. El Gran Pabellón, una descomunal construcción de hierro y cristal que encarna el poderío de la ingeniería victoriana, lo ha visto casi todo: desde exposiciones caninas hasta conciertos, pasando por torneos militares y ferias de todo tipo.
La joya de su corona ferial fue —y sigue siendo— el Ideal Home Show, fundado en 1908, con casas de exposición llenas de los últimos electrodomésticos. Pero nada igualó las «festividades acuáticas iluminadas» del empresario húngaro del siglo XIX Imre Kiralfy, que llegó a inundar el Gran Pabellón para recrear un homenaje a Venecia con barcazas y góndolas.
Siguiendo la tradición de los grandes pabellones de exposición popularizados por la Gran Exposición de 1851, Olympia fue acumulando capas de distintas épocas. El Gran Pabellón, el mayor espacio cubierto de Inglaterra cuando se construyó en 1885, y el vecino Pillar Hall —donde Vivienne Westwood celebró su primer desfile— fueron diseñados por Henry Coe, discípulo de George Gilbert Scott. El National Hall llegó en 1923 y, en 1929, el arquitecto Joseph Emberton firmó el Empire Hall, hoy conocido como Olympia Central, con una fachada art déco que recorre Hammersmith Road como sacada de un capítulo de Poirot.
Sin embargo, Olympia fue perdiendo terreno frente a competidores más modernos, como el Excel de los Docklands, logísticamente eficiente aunque carente de alma. En 2017, la inmobiliaria Yoo Capital adquirió el complejo y puso en marcha una costosa renovación: limpiar los añadidos más feos, restaurar las estructuras históricas y añadir instalaciones nuevas de gran envergadura. La remodelación, de casi una década de duración y 1.300 millones de libras de presupuesto, ha corrido a cargo de Heatherwick Studio y el estudio de arquitectura SPPARC.
Olympia ocupa una parcela triangular entre Hammersmith y Holland Park de superficie similar a la del Westfield cercano, pero hasta ahora era un recinto completamente cerrado sobre sí mismo, una suerte de Vaticano del oeste londinense. «Cuando lo visitamos por primera vez en 2017, había un kilómetro de perímetro y si no tenías entrada, no podías entrar», explica Eliot Postma, de Heatherwick Studio. «Todas nuestras primeras conversaciones giraban en torno a cómo crear espacio público donde no existía ninguno.»
El resultado incorpora más de medio millón de metros cuadrados de oficinas, 30 restaurantes y bares, dos hoteles, un centro de conferencias, un gimnasio, una sala de música con capacidad para 3.800 personas y el teatro de nueva planta más grande de Londres en los últimos 50 años. Incluso hay un colegio de secundaria, el Wetherby Pembridge, inaugurado el pasado septiembre en el interior rehabilitado de un aparcamiento de varias plantas que el propio Emberton diseñó en 1937.
En la firma de Thomas Heatherwick —autor del polémico Garden Bridge londinense y de la futura sede de Google en King’s Cross— los motivos plegados son la constante: los techos zigzaguean, las barandillas parecen acordeones y hasta los pomos de las puertas tienen forma rizada. Todo ello está inspirado, en teoría, en los muros de cristal facetado del Gran Pabellón. El conjunto resulta algo frenético, pero el historicismo robusto de los edificios de Coe y Emberton ejerce de contrapeso.
Olympia Way, el frente principal del recinto, se ha reconfigurado como un bulevar ajardinado que devuelve todo su esplendor a las fachadas italianas de Coe, con un conjunto escultórico restaurado que incluye divinidades agrícolas griegas. Las estatuas de Deméter y Perséfone contemplan ahora un Londres muy distinto al de 1885, pero el espectáculo —como siempre en Olympia— continúa.