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Televisión

El Eurovisión más polémico: sin España, con Bulgaria ganando y el televoto en el ojo del huracán

Por primera vez en 65 años, España no participó ni RTVE emitió la final. Los eurofans lo vivieron desde las redes, entre memes y polémica.

El Eurovisión más polémico: sin España, con Bulgaria ganando y el televoto en el ojo del huracán
Por primera vez en 65 años, España no participó ni RTVE emitió la final. Los eurofans lo vivieron desde las redes, entre memes y polémica.

Sin comentaristas, en inglés y sin un candidato al que apoyar, los eurofans españoles vivieron la gala más anómala en la historia del concurso. Por primera vez en 65 años, España se desmarcó del festival de Eurovisión, junto a Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos, todos en protesta por la decisión de la Unión Europea de Radiodifusión de permitir a Israel seguir en el certamen. Esta 70ª edición, celebrada en Viena, quedará en los anales como una de las más divisivas y polémicas.

RTVE se negó a emitir la final y programó en su lugar la segunda edición de La casa de la música. La única opción para ver la gala fue a través de YouTube, sin los habituales comentaristas ni los programas adicionales de la cadena pública. Pero ni ese panorama tan árido alejó a los más entusiastas de uno de los grandes placeres del festival: comentarlo en tiempo real a través de las redes.

Nada más empezar la gala, RTVE emitió un mensaje sobre fondo negro reafirmando su postura:

«Ante la celebración de la final del festival de Eurovisión esta noche, RTVE recuerda que ha decidido no participar en esta edición del certamen. El festival de Eurovisión es un concurso, pero los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y Justicia para Palestina».

La declaración volvió a dividir al público y fue la señal de salida oficial para una noche cargada de tensión.

El gran desfile inaugural perdió buena parte de su gracia sin nadie a quien animar. En las redes, muchos compararon la situación con un desengaño amoroso. La nostalgia patria llevó a varios a rescatar la actuación de Chanel en 2022, aquel bronce que ahora se recuerda casi como una edad dorada. También se recuperaron vídeos de las semifinales en los que guardias de seguridad expulsaban a un asistente por manifestarse dentro del estadio, especialmente cuando llegó el turno de Israel, uno de los momentos más tensos de la noche.

Pasada la tensión, empezaron a fluir los memes. La fiesta de verdad arrancó con la actuación de Akylas, representante de Grecia, con su tema Ferto: las comparaciones iban desde los Cheetos hasta un mal viaje lisérgico, pasando por viejos conocidos del festival. La misma avalancha de reacciones generó Bangaranga, la palabra que nadie conocía y que a estas horas ya tiene todo el mundo tarareando. Bulgaria se alzó finalmente con la victoria gracias a ese tema pegadizo, y muchos respiraron aliviados al ver que Israel, pese a subir posiciones con el televoto como en años anteriores, se quedaba en segunda posición.

Porque ahí llegó, puntual como siempre, el momento más inquietante de la noche: las votaciones. Se ha convertido ya en una rutina que Israel parta de una puntuación modesta en el marcador del jurado profesional y escale al podio en cuanto llega el televoto. Hace unos días, una extensa investigación del New York Times analizaba cómo Israel habría orquestado grandes campañas de voto para reforzar su posición mediante el llamado poder blando. La situación, normalizada por la repetición, sigue generando un intenso debate sobre la deriva política del concurso.

En clave más festiva, el Reino Unido volvió a terminar último con una actuación demasiado extraña para conectar con el público. Francia tampoco acabó de convencer: muchos vieron en Monroe, su representante, un eco del tono lírico que Rosalía lleva meses exhibiendo en la gira de su último disco. Y Suecia protagonizó el momento más perturbador de la noche cuando Felicia apareció en escena luciendo mascarilla, lo que disparó de inmediato las comparaciones con el hantavirus en redes.

La inesperada presencia del español fue uno de los momentos más celebrados. Moldavia incluyó referencias a la «vida loca, Palma de Mallorca» en un enrevesado rap, mientras que Lituania apostó por un Solo quiero más que levantó carcajadas por el look metálico de su intérprete. Era la única vez que se escucharía el castellano en toda la noche, y los espectadores lo saborearon como si fuera agua en el desierto.

La mejor definición de la velada la dio un usuario en redes con un vídeo de un operario apagando la espada en llamas de la actuación de Serbia. «Eurovisión 2026 en seis segundos», rezaba el texto. Difícil resumirlo mejor.

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