Clive Davis, el ejecutivo discográfico fallecido el pasado lunes 22 de junio a los 94 años, era conocido en la industria musical como el hombre de los «oídos de oro». A diferencia de otros directivos que preferían mantenerse al margen del proceso creativo, Davis disfrutaba involucrándose activamente en el desarrollo artístico de los músicos que fichaba. A lo largo de su carrera, que arrancó en los años sesenta como abogado interno de Columbia Records, tuvo un papel decisivo en trayectorias tan icónicas como las de Janis Joplin, Whitney Houston, Alicia Keys o Bruce Springsteen.
En una entrevista para el programa 60 Minutes en 2004, Davis explicó así su capacidad: «No tenía formación musical, en absoluto. Es el instinto. Es ese escalofrío en la columna. Son los oídos. Sea cual sea la parte de la anatomía que lo genera, descubrí que es un don natural».
Quizá su intervención más célebre fue en la grabación de «I Will Always Love You» de Whitney Houston para la banda sonora de El guardaespaldas en 1992. Davis insistió en mantener los primeros cuarenta segundos de la canción en versión a capela, frente a las objeciones del productor David Foster y otros miembros del sello. El resultado habla por sí solo: el tema encabezó el Billboard Hot 100 durante catorce semanas.
Todo comenzó en 1967, cuando Davis, recién nombrado presidente de Columbia Records, asistió al Festival Pop Internacional de Monterey y quedó deslumbrado por Janis Joplin al frente de Big Brother & the Holding Company. Fue su primer fichaje y, como él mismo recordó, «ver a Janis en Monterey me produjo ese escalofrío en la columna al sentir que estaba presenciando una revolución musical, cultural y social». El primer álbum de la banda para Columbia llegó al número uno del Billboard 200.
Davis también fue clave para Chicago, cuyo debut discográfico en Columbia en 1969 presentó al mundo su inconfundible sonido con metales. Mientras otros ejecutivos se alejaban ante su mezcla de géneros, Davis apostó por ellos y los convirtió en uno de los grupos estadounidenses más exitosos de la historia de las listas.
Santana firmó con Davis en dos etapas distintas: primero en los últimos años sesenta con Columbia, y después en 1998, cuando Davis le fichó de nuevo y le brindó quizá el mayor éxito de su carrera: «Smooth», con Rob Thomas, que se mantuvo doce semanas en lo más alto del Hot 100. El propio Carlos Santana reconoció su gratitud al ejecutivo por aquella colaboración que convirtió Supernatural en un fenómeno global.
Con Bruce Springsteen, Davis demostró que su labor iba más allá de firmar contratos. Cuando el joven músico entregó Greetings from Asbury Park, N.J., Davis no escuchó ningún single destacado y le pidió que escribiese más canciones. Springsteen volvió con «Spirit in the Night» y «Blinded by the Light», que se convirtieron en sus primeros éxitos. El propio artista lo describió en sus memorias como una lección que marcó su carrera.
Billy Joel firmó con Columbia en 1973 y ese mismo año grabó Piano Man. Blood, Sweat & Tears y Sly and the Family Stone fueron otros de sus hallazgos de aquella época: a los primeros los descubrió en el Greenwich Village; a los segundos los orientó hacia un sonido más accesible que disparó su popularidad con «Dance to the Music».
Tras ser despedido de Columbia, Davis fundó Arista Records en 1975 y siguió demostrando su olfato. Barry Manilow fue su primer gran éxito en el nuevo sello: Davis le encontró el tema «Mandy», que llegó al número uno y consolidó la nueva discográfica. Aerosmith le rindió homenaje en la letra de «No Surprize» en 1979, recordando cómo Davis los vio actuar en el club neoyorquino Max’s Kansas City en 1972 y los fichó para CBS Records.
En Arista también firmó a Kenny G en 1982, cuando no existía prácticamente ninguna salida radiofónica para la música instrumental. El saxofonista, cuyo álbum Breathless de 1992 obtuvo la certificación de diamante de la RIAA, declaró tras la muerte de Davis: «No estaría aquí si no fuera por los riesgos que asumió conmigo. Me trató como a un miembro de su familia».
Cuando Davis fue apartado de Arista a principios de los dos mil, fundó J Records y fichó a Alicia Keys, cuyo debut Songs in A Minor en 2001 la convirtió en una superestrella. Keys le dedicó unas palabras en su perfil de Instagram: «Para Clive Davis, el visionario que transformó los sueños en realidad, dejando una huella imborrable en la música y en vidas de todo el mundo».
La figura de Whitney Houston estuvo unida a Davis de manera inseparable desde que la descubrió actuando en 1983. Ella ganó seis Grammys y encabezó el Hot 100 en once ocasiones. Trágicamente, Houston falleció ahogada en la bañera de su habitación de hotel la noche antes de la celebrada fiesta anual previa a los Grammy que Davis organizaba cada año, a la que se esperaba que ella asistiese.
La lista se completa con Earth, Wind & Fire, a quienes fichó tras una audición en los estudios Sunset Sound de Los Ángeles cuando sus dos discos anteriores en Warner Bros. habían pasado sin pena ni gloria; el folkie británico Donovan, que se convirtió en estrella en Estados Unidos con temas como «Sunshine Superman»; y Tony Orlando, cuya carrera tomó un giro decisivo con el apoyo de Davis. Décadas de instinto, convicción y amor genuino por la música: ese fue el legado de Clive Davis.