Si alguien esperaba que Madonna fuera a la exposición de su hijo con un discreto traje de madre orgullosa, es que no conoce a Madonna. Todavía con el eco de su sonado regreso a los VMAs, la cantante, de 68 años, se dejó ver en París junto a Rocco, el hijo de 26 que tiene con Guy Ritchie, en una de esas apariciones juntos que se prodigan poco. Lo contó ella misma el 24 de octubre en Instagram con una tanda de fotos de madre e hijo.

El estilismo, fiel a su manual de lencería como ropa de calle: corsé rosa pastel, minibombachos de seda a juego y medias de rejilla color carne hasta el muslo. Por si alguien pensaba que se había quedado corta, le añadió debajo una camisa rosa transparente con cuello, un abrigo de pelo color crema de tamaño generoso y unas gafas de aviador rosas sin montura muy dosmileras. Remató con pendientes de diamantes, un collar con una gran piedra morada, labios malva brillantes y sombra ahumada con destellos. Lista para la galería o para la discoteca, según se tercie.

Rocco, más sobrio, apostó por un chaquetón de cuero negro de solapas anchas con vaqueros, camisa blanca y camiseta de tirantes también blanca, más una cadena y una pulsera doradas. Al fin y al cabo, la noche era suya.
Y Madonna no escatimó en piropos. En el texto que acompañaba las fotos recordó que el arte es una de sus grandes pasiones y que, si encima lo firma su hijo, la cosa ya es otro nivel. Contó lo emocionante que ha sido verle crecer como pintor, encontrar su estilo y pasar por la soledad del estudio, encerrado hasta sacar algo de la nada, que para ella es justo la magia de ser artista. También celebró que ahora se esté lanzando a la escultura, calificó su trabajo de muy sólido y presumió del éxito de su reciente exposición en la galería Pierre Augustin Rose de París. Cerró con un “¡Bravo, Rocco!”, como corresponde a una madre que no se corta ni en el vestuario ni en los elogios.